Julio 2, 1997 |
Descubren mítica secta acuática cerca de ViñalesUnos 50 pobladores de la Sierra, en la provincia de Pinar del Río le conceden facultades absolutas al agua y desconocen la educación y la medicinaDiario Las Américas, Edición del 1 de Julio, 1997 | |
LA HABANA - En medio de la exuberante vegetación de la serranía cubana, una mítica secta de campesinos sobrevive sumida en su propio y maravilloso mundo de agua... ajeno a la religión, la política, la educación y a su afrenta mayor: la medicina.De manantiales nacidos en las alturas de las cavernas emana el líquido cristalino que ha sido, por seis décadas, el causante de una singular organización de vida para unos 50 pobladores de la sierra del Valle de Viñales, en la occidental provincia de Pinar del Río, a unos 180 km al oeste de La Habana.Atribuyendo absolutas facultades curativas al agua, cerca de 12 familias desdeñan sin reparo los dos grandes orgullos de la Revolución cubana, los altos niveles de educación y los avances en la medicina."Los acuáticos", como bien se les conoce, no quieren saber nada de pastillas, vacunas, hospitales y escuelas (entre ellos mismos se educan). No tienen carné de identidad, quizás los únicos en Cuba.Tampoco pierden el tiempo en asuntos de matrimonio (preferiblemente entre miembros de la secta). Para ellos, nada más sencillo, como dice don Félix, el más viejo de la comunidad, que "llegar, juntarse y acostarse"."Lo mío es esto y nada más. No hemos virado (retrocedido) nunca. Estamos a morir con esto. No tengo religión, ni tengo que ver con cuestiones políticas, entregué todo al agua y pienso morir en mi creencia", afirmó mostrando, con la expresión de sus ojos, una profunda convicción.Aunque don Félix Rodríguez, de 89 años, es el más veterano, rechaza ser identificado como el líder de los "acuáticos", quienes basan su creencia en la divina inspiración de una mujer, Antoñica Izquierdo, que, nacida entre ríos y arroyos, por la década de los 30 y 40 curaba tan sólo con agua."Renuncié a la medicina desde que ella salvó a uno de mis siete hijos cuando los médicos dijeron que no tenía cura. Todo lo que trabajaba era para medicinas y un día las tiré. Hace como 30 años que no tengo nada (ninguna enfermedad)", aseguró.Por unas cuatro generaciones ha sobrevivido a la leyenda de Antoñica, quien en 1936 empezó sus "sanaciones" en Cayos de San Felipe, cerca de Ciñales, hasta que su fama la llevó a la muerte, aseguran sus seguidores.Don Félix, quien atesora en su humilde vivienda un retrato apolillado de Antoñica, relató a la AFP cómo fue recluida durante unos cinco años en el hospital psiquiátrico de La Habana, conocido como Mazorra, donde, según él, "no murió, la mataron"."Le quitó el negocio a los médicos. Los guardias (del entonces gobierno de Fulgencio Batista) la golpearon, se la llevaron porque no querían que curara, la juzgaron de loca y los médicos le metieron a la fuerza las medicinas: la mataron", contó el anciano.Cuando Antoñica murió debió tener, según don Félix, "sesenta y pico" de años, después de unos nueve de cumplir con lo que ella consideraba su misión.Sin olvidar los maltratos a Antoñica y la crueldad con que algunos campesinos fueron "botados" de otra zona cercana por la guardia, a los "acuáticos" no les gusta la política y no acuden a votaciones.Ante la mirada tolerante del actual gobierno de Fidel Castro (líder de la Revolución que derrocó a Batista en 1959), esos campesinos dicen vivir tranquilos, valiéndose de una especie de economía de autosubsistencia, en la que cultivan maíz, yuca, malanga, frijoles, café y plátano.Al mundo "acuático" sólo se puede llegar a pie o cabalgando a paso lento por los escarpados peñascos de la sierra que rodea el Valle de Viñales, una de las más impresionantes muestras de la exótica belleza natural de Cuba.El difícil y peligroso acceso parece conspirar con los "acuáticos" para mantener viva una creencia que oralmente se traspasa por generaciones.De tan sólo siete años, Yamila, la nieta de don Félix, todos los días se baña, o más bien juega, en la pila por donde cae el agua de los manantiales. No va a la escuela, no vaya a ser que, en el peor de los casos, se les ocurra vacunarle o darle cualquier otra medicina. | ||
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