DESDE CUBA

IFFA POR DIALOGO

por Manuel David Orrio, periodista cubano independiente

LA HABANA, 10 de enero.- Mecanografiado en incontables copias, uno de los documentos hijos de la cultura nacional está pasando de mano en mano por toda Cuba con un mensaje a los corazones: diálogo y tolerancia.

Iffá se decidió. El pasado 31 de diciembre, numerosos sacerdotes de los cultos sincréticos afro-cubanos, de un total de 450, festejaron el décimo aniversario del rescate de la tradición conocida como la *letra del año*, y dieron a conocer sus predicciones para Cuba y el mundo en este año de gracia de 1997.

Según conocedores, los famosos babalaos había evitado durante los 10 años de celebración de la rescatada ceremonia formular pronósticos que pudieran tener implicaciones para el gobierno cubano. Pero en esta ocasión se atuvieron con fidelidad al signo regente para 1997: Ordi Trupón.

Más claros no pudieron ser. Recomendaron establecer un diálogo respetuoso y sin ventajas entre las diferentes denominaciones que en el pasado fueron contrincantes; lograr la unificación de las familias, así como de los diferentes cultos, filosofías, partidos y doctrinas, y evitar actos y costumbres legados por el pasado que no se correspondan con las actuales coyunturas sociales.

Casi cuatro años atrás, un documento sin precedentes en la Cuba de Fidel Castro aconsejó casi lo mismo. Fustigada por la prensa oficiosa, también en aquella ocasión la Pastoral de los Obispos cubanos *El Amor todo lo Espera* pasó de mano en mano. Aún se la menciona como si hubiera sido emitida ayer.

Una reciente homilía reiteró aquel histórico mensaje. Si de acuerdo con Su Eminencia Jaime Cardenal Ortega hoy se estima que el 85 por ciento de los cubanos tiene algún tipo de creencia religiosa, el pronunciamiento de Iffá adquiere una connotación mayor de la que inicialmente se pudiera atribuirle. Ahora, las dos confesiones mayoritarias de la nación están abiertamente en favor del diálogo.

No puede escapar un mensaje, presente en la *letra del año*, en los pronunciamientos de la jerarquía católica y en las declaraciones de otros líderes religiosos del país: *Evitar actos y conductas legadas por el pasado que no se correspondan con las actuales coyunturas sociales*. Ese llamado de alerta es un sayo merecido para muchos. Contiene una advertencia para el gobierno cubano, pero también para el de Estados Unidos. A buen entendedor...

Las citadas recomendaciones responden a presagios nada halagüeños. Ordi Trupón anuncia elevado número de sentencias judiciales, incremento de la fiscalización en todos los sentidos --¿también contra el ciudadano?--, deformaciones en la conducta social por causas emocionales y psicológicas, ingerencias en los asuntos internos, desequilibrios en la economía mundial, perjuicios en la agricultura y la ganadería, incremento de los accidentes automovilísticos, alta mortalidad, crecimiento de la ingratitud, y rupturas familiares y de otras instituciones de la sociedad.

Varias de esas predicciones penden sobre Cuba como espada de Damocles. Pudieran relacionarse con la inestabilidad de los precios del azúcar, el níquel y el petróleo, índices de delincuencia y de población penal elevados, tendencia al incremento de los accidentes, crisis de las finanzas externas y preocupante situación de la familia cubana.

Aconsejaron cuidarse las afecciones estomacales y las úlceras perforadas, de las enfermedades hereditarias y la anemia, de las hemorragias bucales y afecciones odontológicas, así como de las enfermedades del pecho y de los estados avanzados de gravedad, dolencias cuyo índice vaticinaron que se incrementará.

El gesto sin precedentes, por ahora ignorado por la media oficiosa cubana, se suma a otros síntomas de existencia en el país de corrientes profundas que están reestructurando el consenso nacional y social sobre el modelo de sociedad apropiado para Cuba, y donde una demanda cívica gana cada día más terreno: libertad de expresión e información.

Representativos de numerosos sectores de la población, los sacerdotes de Iffá no callaron el orgullo de su identidad como parte de un pueblo soñado por José Martí como por todos y para el bien de todos. Por ello afirmaron: *Nuestra divisa más grande es el poder mantener por siempre el privilegio de haber rescatado hace diez años del baúl del olvido esta tradición que nos legaron nuestros ancestros y que amenazaba con morir definitivamente*.

Babalaos cubanos, por el diálogo.