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El círculo ignorado

Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - Como Dante Alighieri vivió mucho antes de estos tiempos, desconoció los problemas del subdesarrollo. Aún menos pudo imaginar lo que es la vida de hoy en tantos lugares de Cuba.

Las paradojas del socialismo tropical son explicables solamente mediante una larga dosis de buena voluntad.

Varias noticias informan de la escasez de agua en numerosos barrios, poblados y ciudades de Cuba. Al despertarme el otro día, lo primero que escuché en una emisora de la radio nacional fue una exhortación al ahorro de agua para paliar la sequía que padecemos. Minutos después la misma locutora habló de las prolongadas lluvias en las provincias centrales y orientales, y las grandes probabilidades de que continuara la lluvia en todo el archipiélago.

En el barrio donde vivo, desde hace meses, los obreros del acueducto cambian la red de tuberías por conductoras mejores y duraderas. ¡Una magnífica solución para quienes carecen del servicio de agua!

En sitios donde no faltaba el agua, ahora falta, porque con las modernas maquinarias los obreros cortaron las cañerías por donde fluía el agua corriente y ahora la empresa no tiene los medios necesarios para restituir el servicio a los residentes afectados. Hay familias que no tienen agua ni para hacer la comida, ni fregar, ni evacuar el inodoro desde hace más de una semana. Tienen que esperar que los burócratas del acueducto decidan enviarles un camión cisterna con agua potable.

La forma inmediata para solucionar la falta de agua en los hogares es comprarsela a los choferes de los camiones cisternas (pipas) al precio de cinco pesos convertibles, que equivalen a 120 pesos en moneda nacional. Ayer, una familia que conozco pagó, al chofer de una pipa, diez pesos convertibles (el sueldo de un mes para muchos cubanos) para llenar la cisterna de su casa con una pipa de agua.

Además, cuando alguien visita las oficinas del acueducto para quejarse, la respuesta invariable y como ladrido de perro es que “hay gran escasez de agua”. ¡Pero si todos los días llueve desde hace casi un mes!

El único remedio que se les ocurrió a los generosos funcionarios es racionar el agua servida por las pipas a 70 litros semanales por cada hogar. ¡Sin dudas, el burócrata que tuvo la feliz idea no conoce de medidas!

Para colmo, un vecino me explicó que los operarios que llevan a cabo las labores de reparación y sustitución de las tuberías en el barrio no poseen siquiera planos de la red hidráulica, y excavan en las calles según las indicaciones que los vecinos les proporcionan.  Así que las calles que quedaban más o menos transitables se convirtieron en caminos llenos de fango y escombros.

Quienes han recorrido el tortuoso camino que hemos seguido los cubanos hasta este punto, tendrán una idea del peso que la falta de agua en los hogares agrega a las múltiples dificultades de nuestra vida cotidiana, y cómo esto complica la vida de los ciudadanos. Sólo resta afirmar que el último círculo del infierno dantesco parece un juego de niños comparado con la vida cotidiana de los cubanos.




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