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Timos con barbas

Luis Cino

LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - Echo de menos a los locos de mi infancia, amables y a veces hasta simpáticos. Ni remotamente incurrían en las impertinencias de los que ahora veo por las aceras de La Habana asediar a los turistas, o a los que vociferan en las guaguas. De estos últimos, los más viejos, si no se creen cantantes de rancheras o boleros, presumen de haber peleado en la Sierra Maestra y de todavía tener la suficiente vara alta para  tutear y dar consejos “a Fidel y Raúl”.   

Esa familiaridad y la cacería de turistas, emparienta a ciertos locos con los viejos con barba al estilo del Comandante que andan por La Habana Vieja prestos a que los retraten. Son la más reciente estafa del historiador, empresario y diputado Eusebio Leal en su tinglado recaudador de divisas. 

Para que sirvan de gancho para turistas ideológicos y como quien no quiere la cosa,  ganen algo de propina y no se mueran de hambre, la Oficina del Historiador de la Ciudad les concede licencias como “personajes costumbristas”. Se suman así a los saltimbanquis, las santeras y cartománticas de utilería, las fumadoras de habano vestidas con trajes coloniales y los popes ortodoxos sin feligreses. Una mascarada anacrónica, seudo-cultural y kitsh para vender una ciudad inexistente. 

Aparte de la barba, los viejos con su taumaturgia castrista no osan ser demasiado obvios. Por nada del mundo usarían chándal o estrella en el hombro. No se atreverían ni por asomo  a la parodia. Tampoco se lo permitirían. No son impersonators de Elvis en Las Vegas ni mucho menos. Lo adecuado son guiños al mito revolucionario en el atuendo: una boina, una gorra verde olivo o de algún contingente de constructores, un pantalón militar, una camiseta roja con la inscripción: ¡Comandante en Jefe, ordene! Todo muy al gusto de los nostálgicos  que peregrinan a La Habana cual si fuera La Meca a mano izquierda según se va al paraíso.     

Por un cuc, los viejos se dejan retratar junto a los turistas. Sonrientes, adustos o en pose desafiante. Como si estuvieran dispuestos a resistir eternamente al imperialismo, los ciclones, el hambre, el calentamiento global, las leyes de la historia. Lo que sea. Todo por La Causa. En realidad, se ven patéticos. Más que souvenirs, las fotos que se llevan los turistas son símbolos grotescos de la revolución, que de tan vieja, se cae a pedazos. 

Es una lástima que la Oficina del Historiador no utilice mejor como “personajes costumbristas” a jineteras (prostitutas), chulos, pingueros (prostitutos), carteristas, chivatos y segurosos (policía política). Conferirían realismo a La Habana de Eusebio Leal, porque los viejos con barba a lo Comandante sólo engañan a trasnochados y propensos a caer en la bobería, el mal gusto y el papelazo.

En La Habana, la gran mayoría de los viejos que se dejan la  barba no lo hacen para imitar al Máximo Líder sino  porque no tienen con qué afeitarse. Pero  esos ancianos hambrientos, desarrapados, sucios, muy raras veces aparecen en las fotos de los turistas. Al regreso a casa, ¿cómo explicarían su existencia en el paraíso revolucionario?  

 

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