Nasobuco en los ojos
Odelin Alfonso Torna
LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - Dice Ramón, viejo amigo del barrio, que un dirigente partidista activo cumple con el manual de obediencia hasta su último día de servicio. De hecho él lo sufrió en carne propia. Cuenta que como supervisor de empresas, llegó en ocasiones hasta inflar los resultados de sus auditorías para anotarse el mérito del cumplimiento.
Sí se es dirigente, es obligatorio pertenecer al Partido Comunista de Cuba. Y si se es miembro de la organización, hay que andar con pies de plomo y sobre muletas para prevenir una posible caída.
Mi amigo comentó sobre las palabras del viceministro de Higiene, Epidemiología y Microbiología, doctor Luis Estruch Rancaño, pronunciadas en el programa Mesa Redonda Informativa, que se retransmitió el sábado 10 de octubre. “En primer lugar, que quede claro, nuestro país es totalmente transparente en su información. Se publica todo los días el reporte oficial y va para los organismos internacionales”.
En otro orden, o desorden, la cobertura informativa no deja de avalar los mecanismos preventivos y de control epidemiológico. Además, se encarga de exaltar las vidas salvadas de la pandemia por los médicos cubanos, principalmente la de mujeres gestantes.
En un abrir y cerrar de ojos y por orden del Ministerio de Salud Pública, se suspenden los matutinos en centros laborales y de estudios. También se venden por seis pesos en moneda nacional los llamados nasobucos (máscaras), se habilitan autos de organismos estatales para el traslado de los contagiados y se colocan pegatinas por doquier con información sobre la influenza. Para mayor seguridad, los 14 aeropuertos del país calibran sus detectores de temperatura corporal a un máximo permisible de 37 grados Celsius ¿Y qué pasa con aquellos viajeros que ingresan al territorio cubano con destemplanza? Se les cuelga una “identificación de advertencia”.
Bien por el Ministerio de Salud Pública y su despacho diario con la Organización Mundial de la Salud, aunque dudo mucho sobre la seriedad de este organismo a la hora de clasificar los infectados y fallecidos, sean de casa o importados. Pura rutina, ya lo dijo Estruch: “Nosotros cumplimos los preceptos de la Organización Mundial de la Salud y de la Oficina Sanitaria para América”.
¿Qué pasa con el reporte oficial hacia adentro? Bien turbio está el panorama cuando se tuvo que prescindir de las estadísticas publicadas en la prensa oficial cada viernes, sobre el número de contagiados con la influenza.
A diario, uno que otro chisme se corre respecto a la pandemia A H1N1. Fallecidos anónimos, dudosos certificados de defunción o casos confirmados que se complican con infecciones intrahospitalarias. También el comentario informal alude que los municipios más afectados son San José de la Lajas (provincia La Habana), Pedro Betancourt y Colón (provincia Matanzas).
Creo que las cifras emitidas por el doctor Luis Estruch Rancaño el pasado jueves 15 de octubre, de 695 casos declarados con el virus de la influenza, entre ellos 203 niños y siete fallecidos, parecen algo conservadoras. Esto obedece a algo o a alguien que tiene por norma inflar o desinflar numeritos en papel cartucho. Es más de lo mismo, si no, pregúntenle a mi vecino Ramón.
¿Hasta qué punto la población cubana, ajena a la transparencia diaria que exhibe el viceministro Estruch y su equipo de obedientes ante la OMS, asume el peligro que representa la influenza?
El 18 de octubre entró en Cuba el primer frente frío de la temporada. Es posible que los virus catarrales de estación sean buenos aliados del A H1N1.
¿Preocupados? Claro que si, por el deterioro del transporte público, por los huevos de la cuota que no llegan o por el jarabe de áloe que se perdió de las farmacias. Sobre la influenza, si te toca, mala suerte. Y si no, para qué preocuparse, el nasobuco lo tenemos puesto en los ojos.
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