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¿Trescientos?
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - Le dicen los 300. No sé si es el nombre un detalle referencial sobre la cantidad de sus integrantes o si está relacionado con el famoso comic de Frank Miller, recientemente adaptado al cine en Estados Unidos. Tampoco puedo confirmar la veracidad de las historias escuchadas, donde el asalto, las palizas y las cortaduras de rostros con armas blancas son el común denominador de esta banda de forajidos que ha ejecutado decenas de actos delictivos en los barrios de la capital.
Los rumores crecen al mismo ritmo que el miedo de los ciudadanos, preocupados porque pueden ser las próximas víctimas. Los más vulnerables en caer en las redes de las suspicacias y el pánico son las personas de la tercera edad y las mujeres.
Las personas sacan sus conclusiones con retazos de comentarios escuchados al azar, residuos de anécdotas alusivas a algún nuevo ataque de los criminales, o a partir de afirmaciones recibidas de un familiar cercano que asegura ser portador de verdades irrebatibles a partir de la presunta confiabilidad de su fuente.
Es difícil adivinar dónde comienza la verdad y cuáles son las fronteras de la mentira. La confusión vuelve a insertarse en amplios sectores de la sociedad, facilitando un ambiente de sobresaltos y precauciones adicionales a la hora de transitar zonas con pésimo alumbrado, y por otro lado hay quienes prefieren olvidar lo que estiman como otra fábula facturada con elementos del mundo real.
En estos casos es pertinente hallar un punto medio como vía para acercarse a la verdad. Los medios de comunicación deciden no inmiscuirse en esos asuntos. Como ya es usual, siguen las pautas de una línea editorial enfrascada en resaltar supuestos logros productivos, efemérides, promesas de escasos efectos prácticos.
“Yo no creo en ninguna de esas novelas de misterio que de vez en vez salen a relucir. Siempre he pensado que el gobierno las inventa para mantener al pueblo entretenido a base de intrigas y miedos”.
Así se expresa un profesor de secundaria que ilustra el pensamiento de miles de cubanos en relación a las periódicas historias protagonizadas por pandillas, violadores o asesinos.
Independientemente que existan personas proclives a refugiarse en el escepticismo o la indiferencia frente a este tipo de eventos, es oportuno señalar que los índices de violencia han ido en aumento. Hoy es mayor el riesgo de ser asaltado que hace 10 años atrás.
Los índices de pobreza, y la ausencia de perspectivas para remontar este universo de fracasos que abarca a casi cuatro generaciones, también se suma a los incentivos para crear individuos dispuestos a integrar una extensa red de delincuentes en todo el país.
Entre las características de esa famosa banda llamada 300 que, según los rumores, ha causado daños físicos y psicológicos a muchos ciudadanos, se dice que sus miembros son jóvenes y adolescentes.
En cualquier calle de Ciudad de La Habana, sobre todo en los barrios más oscuros y olvidados, nadie puede sentirse seguro. La miseria y la enajenación viven allí. Cada día las veo desde mi ventana.
Al observar el desolador panorama pienso que 300 es una cifra demasiado indulgente. Estaría bien multiplicar esa cifra por dos. ¿Habré atrapado, sin saberlo, a algunos de los líderes de la banda en mi periplo visual? Es probable. Sobrevivo en la periferia del socialismo. Eso me ofrece un ángulo perfecto para ver esas réplicas del infierno con sus fuegos y sus tormentas.
oliverajorge75@yahoo.com
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