Inscritos en la verdad
Odelín Alfonso Torna
LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - Corrían las primeras horas de la tarde del 18 de marzo de 2003. En Cuba, la acción conjunta de las fuerzas de la Seguridad del Estado, la Policía Nacional Revolucionaria y los Comités de Defensa de la Revolución, desplegaban un operativo contra ciudadanos sobresalientes en la lucha por los derechos civiles. La maniobra, que duró 48 horas, puso tras las rejas a un grupo de 75 activistas, entre ellos periodistas y escritores independientes.
Facultado entre los oligarcas, guste o no, y aprovechando el enfoque mediático sobre los guerreros afganos que huían de la ofensiva antiterrorista liderada por Estados Unidos, Fidel Castro ordenó lo que luego se llamó la Primavera Negra de 2003. Significó para la oposición interna un duro golpe, el zarpazo de un gobernante acorralado por las acciones civilistas que ganaban terreno al margen del totalitarismo.
Treinta días después, bajo la promulgación de la fascistoide ley 88, y apelando al testimonio de traidores a sueldo, los 75 activistas fueron sancionados con penas de hasta 28 años de cárcel.
“Este presente no es el fin de los tiempos, sino el preludio de otros nuevos, donde no tendremos rejas, ni por dentro ni por fuera”, comentaba en una de sus primeras cartas Ricardo González Alfonso, Presidente de la Sociedad de Periodistas Márquez Sterling, condenado a 20 años de prisión en marzo de 2003.
Así se inscribieron en la verdad los que hoy guardan prisión por defender los derechos civiles. Cincuenta y cuatro prisioneros de conciencia, diecisiete de ellos periodistas y escritores independientes. Detrás quedan seis años de angustias, castigos extremos y huelgas de hambre, a tenor de las circunstancias.
En estos seis años de lucha por la libertad de los prisioneros políticos y de conciencia detenidos en la ola represiva de 2003, el gobierno cubano y su diplomacia de turno han tratado de manipular el significado de mercenarismo ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Dicho así, el régimen se ha prostituido otorgando algunas licencias extra penales con el fin de salir del atolladero económico y financiero en que se encuentra.
Por su parte, Raúl Castro anuncia un incondicional canje de reclusos, como si existiera compatibilidad alguna entre los prisioneros de conciencia y los cinco espías cubanos “prisioneros del imperio”.
Pese al alegato castrista de considerar “una maniobra del enemigo” toda manifestación contraria a sus designios, el número de activistas, periodistas, blogueros y disidentes callados, se multiplica. Lo que quiso cortar de raíz el ex presidente Fidel Castro, hoy brota sobre los cimientos del raulismo.
Omar Rodríguez Saludes fue condenado a 27 años de privación de libertad, la máxima condena aplicada a un comunicador independiente en los juicios sumarios de abril de 2003.
El Comité para la Protección de Periodistas concedió el Premio Internacional a la Libertad de Prensa, al comunicador e ingeniero electrónico Héctor Maseda Gutiérrez, condenado a 20 años.
Ricardo González Alfonso, designado periodista del año (2008) por Reporteros Sin Fronteras (RFS), también fue enjuiciado en 2003, y hoy cumple una sentencia de 20 años. “Entre barrotes me siento libre”, dijo.
El liderato histórico sabe que los días 18, 19 y 20 de marzo, la disidencia interna conmemora de forma pacífica el sexto aniversario de la Primavera Negra. Se atrinchera y reprime a civiles que piden legalizar su estatus sociopolítico. Desestima la gestión internacional por la libertad de los prisioneros de conciencia, inscritos en la verdad.
odelinalfonso@yahoo.com
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