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23 de febrero de 2009
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La reconcentración del vago

Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubanet.org) - Amanecía el 14 de febrero, día de los enamorados, y los movilizados se tiraban de las hamacas en el campamento Punto Cero, situado en las afueras de Guanabo, al este de la capital cubana. La diana anunciaba el desayuno. El pan sobrante del día anterior acompañaba el agua con azúcar de la tina que quedó enfriándose a la intemperie.  

Las tres compañías, que sumaban cerca de 700 reservistas, esperaban por el orden del día en la voz del capitán de turno. A las 11:45 AM apareció el capitán. Formó la tropa y sin mucha perorata política dijo:

-Acomódense debajo de los árboles hasta nuevo aviso.  
 
Sabemos que la llamada “ley del vago”, aquella que ponía a merced de los tribunales a individuos sin vínculo laboral con la mera excusa de la peligrosidad pre-delictiva, desde diciembre pasado aparece inaplicable como medida correctiva. La nueva estrategia del gobierno es mantener a raya esa incorregible carga social con la finalidad de que trabajen aquellos que realmente se vean en la necesidad de hacerlo. 

A partir de la proclama de 31 de julio de 2006 que daba por terminado el mandato de Fidel Castro, el entonces gobierno provisional decidió movilizar a los efectivos de la reserva. Dada la situación excepcional, el General de Ejército Raúl Castro apeló a desempolvar la vieja teoría de “la guerra de todo el pueblo” ante una “eventual” intervención de Estados Unidos. 

Al parecer, la movilización de estos 700 reservistas del municipio capitalino San Miguel del Padrón, que comenzó su “entrenamiento político-militar” el 9 de febrero en Punto Cero, cambió su camuflaje. La mayoría de los efectivos son jóvenes entre 25 y 35 años de edad y sin vínculo laboral. 

Cada uno de los desvinculados es gratificado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) con 240 pesos, equivalente a diez pesos convertibles, por los 15 días de movilización. Respecto a los movilizados que son separados temporalmente de sus empleos estatales, las FAR se encargan de cubrir su salario mensual. 

Jovel Cutiño y Denis Santos, dos de los jóvenes movilizados sin vínculo laboral, aseguran que la movilización es un “realengo”. Apenas cuentan con un programa de preparación militar, aunque sí política. Desayunan, almuerzan y cada quien para su casa. Sólo duerme en la barraca sin electricidad y en medio de la maleza, la compañía de guardia. Dicen que al término de la movilización saldrán con una “propuesta de trabajo”, probablemente en el sector agrícola o en la construcción de obras sociales, no hay para más. 

Con tan buena suerte, el 14 de febrero un ómnibus Yutón interprovincial, sin pasajeros, pasaba cerca de las inmediaciones de Punto Cero. Se detuvo ante la señal de aventón de los movilizados que charlaban debajo de los árboles. El chofer abrió la puerta y le dijo a los uniformados:

-¡Váyanse pal carajo que ustedes no están haciendo nada!

Y así fue, se fueron todos. Parece que la estrategia del gobierno no es engavetar la llamada “ley del vago”, sino instrumentarla a través de las FAR, que moviliza a los reservistas desvinculados laboralmente en una nueva modalidad de penitencia. Yo diría, la reconcentración del vago. Ofertas de trabajo que llevan una preparación política y antiimperialista. Sólo eso.

odelinalfonso@yahoo.com  

 

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