Concierto polémico
Osmar Laffita Rojas
LA HABANA, Cuba, agosto (www.cubanet.org) - Ronda todo un ambiente de intolerancia, ataques, amenazas e incomprensión por parte de sectores que desde sus cómodas posiciones en el exilio arremeten contra aquellos que de manera sana y sin ánimo de lucrar han decidido traer su arte a Cuba que medie compromiso con tal o más cual ideología.
Las fuertes ráfagas del vendaval ponen en peligro la loable iniciativa de Juanes de brindar un espectáculo cultural al pueblo cubano. Con tal proceder lo que se pretende es no dejar rastro de tan encomiable y plausible iniciativa. Lo que se busca es que no se realice un acontecimiento en el que primarán el proceder civilizado de las mentes más sensatas.
Muchos asumieron que con la victoria de Barack Obama se iniciaría una nueva era de cambio en la Unión Americana. Pero tal parece que no es exactamente así, a juzgar por las desproporcionadas reacciones contra el concierto que tiene programado realizar el cantante colombiano Juanes en La Habana. Músicos cubanos exiliados han asumido posturas totalmente contrarias a los nuevos aires que soplan en los Estados Unidos. La señal equivocada que envían es que en Miami todo continúa igual o peor que en el periodo de la anterior administración.
Se equivocaban aquellos que creían que las cajas de los demonios estaban tapiadas y que se iniciaba un largo pero necesario recorrido en búsqueda de la concordia y el perdón.
Con el anuncio de un concierto que se efectuará en La Habana en el mes de septiembre grupos de calenturientos y resentidos, cargados de odio, han tocado a degüello y sin pensar las consecuencia que se pueden derivar de tan irresponsable proceder, han abierto una caja de Pandora para que escapen los demonios que parecían encerrados definitivamente.
El ambiente está totalmente enrarecido y polarizado. Halcones y palomas se enfrentan de manera descabellada en una batalla en la que los demonios instigan, amenazan y tratan de liquidar lo que ellos consideran perjudicial para su existencia. En este conflicto el principal protagonista, que es el pueblo cubano, contempla impávido la injustificada hostilidad que se desencadena en su nombre. En ningún momento los del exilio, que dicen representarlo, le han preguntado qué opina y si está a favor o en contra del concierto de Juanes.
Después de 50 años de dictadura, hay que recapitular lo que se ha hecho bien o mal, y recordar que la nación cubana es una sola y que hoy, por razones más que conocidas, está divida en dos partes. Pero a nadie se le puede olvidar que las determinaciones en última instancia siempre la tomarán los que están en Cuba.
Por eso, nadie del exilio está facultado a decidir qué es bueno o malo para el pueblo. Eso lo deciden los cubanos que sufren día a día las penurias, atropellos y ausencias de todo tipo de libertades y derechos.
Es esta y no otra la manera de poner fin de una vez por todas a que se siga hablando en nombre de un pueblo al que nunca se le consulta ni se le tiene en cuenta.
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