Reader’s Digest
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba, agosto (www.cubanet.org) - Sus padres, revolucionarios en la década del sesenta, no lo dejaban ver filmes norteamericanos ni leer revistas yanquis. Por suerte para él, en el chalet de una tía anticomunista, frente al mar, se amontonaban las revistas Reader’s Digest de la década del cincuenta.
Se acercó a la publicación por curiosidad. Luego la revista fue su compañera durante días, semanas, y años. Le apasionaban sus historias de héroes y sus crónicas de viaje. Le llamaban la atención los anuncios de automóviles, joyas y efectos electrodomésticos, que no aparecían en Bohemia, o en la mojigata Mujeres.
Marcos Behmaras, humorista cubano de primera línea, de filiación comunista, lanzó Salaciones de Reader Indigest, una parodia de Selecciones, que desde el humor criollo la atacaba frontalmente. Behmaras tuvo la premonición de que los soviéticos perderían la guerra fría por un desembarco aéreo de hamburguesas de McDonald’s y hot dogs. Según el cuento, los norteamericanos lanzarían paquetes de comida rápida en paracaídas y los soldados soviéticos dejarían sus armas para ir a comer, mientras, los yanquis tomarían sus armas y cohetes nucleares.
Una tarde lluviosa, al regreso de la escuela, encontró montón de revistas amarradas en un pasillo, entre dos edificios. La lluvia era torrencial y decidió salvarlas. Para proteger el tesoro, las regaló una a una a sus mejores amigos de la escuela, Osmani, Pablo, Roberto y Octavio.
Los soviéticos decidieron imitar a Reader’s Digest, y desde finales de la década del sesenta empezaron a publicar Sputnik, un mensuario bien recibido entre los cubanos. Se caracterizaba por su periodismo ágil, como el de Selecciones, lejos de la retórica de otras publicaciones de Moscú. En 1989, con el Glasnot y la Perestroika, Sputnik desapareció junto con Novedades de Moscú y Tiempos Nuevos.
En casa de una amiga, en el reparto Chibás, Guanabacoa, se encontró un ejemplar de Reader’s Digest de diciembre de 1940, y devoró más que leyó el artículo Stalin, Zar de todas las Rusias, donde se explicaba lo que Glasnot y Perestroika pusieron sobre el tapete a mitad de los ochenta.
Años después, volvió a ver Selecciones. Regresaron a la isla a través de la Sección de Intereses de los Estados Unidos. Luego de tantos años la revista se mantenía fiel a su formato.
Una tarde de agosto de 2009 escuchó por Radio Martí que Reader’s Digest dejaría de publicarse en castellano y sintió nostalgia de su niñez y sus lecturas de verano.
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