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La hora cero
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - El anunciado pragmatismo de Raúl Castro se desvanece entre un mar de conjeturas. No hay motivos relevantes para brindarle a esa cualidad una ovación sin defectos de fábrica. Fue una falsa alarma, un desenfoque interpretativo que el tiempo y los hechos se han encargado de corroborar.
La intransigencia de siempre sólo cambió de rostro. No se vislumbra un reajuste que tenga como premisa una verdadera revolución en la manera de administrar el país con eficiencia y gobernarlo racionalmente sin el uso de técnicas de pastoreo intensivo.
Aunque sigan repitiendo desde las tribunas que somos un pueblo culto y aguerrido, la realidad dibuja un paisaje donde seguimos siendo el rebaño que obedece por costumbre y por la acumulación de miedos bien fundados.
Raúl, ni nadie de su generación pueden desprenderse, con facilidad, de los ejes de la confrontación. Tal actitud recrea una filosofía de legitimación política imposible de remover sin que esto cree un cisma en el estamento de poder.
Emprender un desmontaje de las estructuras podría crear serios enfrentamientos entre tradicionales baluartes del conservadurismo y moderados que se ubican en una franja donde se encuentran desde los que confían en la posibilidad de reparar el sistema sin tocar sus bases, y quiénes sienten la necesidad de un cambio más abarcador donde se impongan valores y símbolos de una democracia representativa.
A pesar de las débiles señales de los movimientos hacia un proceso de reformas, se continúan alimentando expectativas en torno a la disposición de Raúl Castro de acometer medidas favorables a una paulatina y limitada descentralización en el ámbito económico. Más allá de estas fronteras todos los pronósticos son sombríos.
Hoy es posible afirmar que la suspicacia encabeza el repertorio de frenos que impiden la implantación y el desarrollo de un plan que priorizaría el mejoramiento del socialismo sin desvirtuar sus principales soportes ideológicos.
Sin enemigo externo se perdería la motivación fundamental que genera legitimidad política, holgada cobertura diplomática en los foros internacionales, coartadas para justificar fallas sistémicas a través de eficientes campañas publicitarias y aplicación de correctivos sociales por medio de diversas categorías represivas.
Mantener o adaptar este proceder a un, por ahora, hipotético escenario de distensión con los Estados Unidos en primer lugar seguido por la Unión Europea, es imposible.
No obstante, parece ser que la confusión se ha adueñado de la élite que gobierna la Isla, ante la probabilidad de que ese momento pase de las hipótesis a su articulación a medio o largo plazo.
La timidez, los retrocesos, el estancamiento y la tibieza son cualidades indisolublemente ligadas a una mentalidad que se resiste a abandonar los viejos esquemas al margen de las manifestaciones que en un primer momento inclinaron a pensar en el advenimiento de otra etapa, ubicada dentro de los límites del pragmatismo.
La opinión pública interna ya identifica al raulismo como una extensión del desastre dejado por su hermano durante su largo mandato. Esto se refleja en los comentarios de la ciudadanía dotados de sendas dosis de repulsa y pesimismo.
El hombre de confianza para la mayoría de los cubanos es Barack Obama. Una masa crítica se conforma al calor de las muestras del presidente norteamericano de acabar con la confrontación y llegar a un entendimiento que favorezca a ambos pueblos. Esto es una pésima señal para los que insisten en seguir el camino de la provocación y el chantaje desde La Habana.
El susto de la nomenclatura no debe terminarse en esta especie de parálisis. Le sería más provechoso darle alcance a la popularidad del Presidente norteamericano en los predios cubanos, rompiendo de una vez las resistencias que impiden la adopción de un nuevo rumbo.
Mis encuestas no reflejan estimaciones absolutas, pero encierran una verdad que amplía su extensión día a día. Obama va delante, Raúl Castro a la zaga junto a los prejuicios y el terror de que su hermano lo acuse de ser proclive a un arreglo con los Estados Unidos.
Quizás en estos momentos desee, más que nunca, la muerte, ante la disyuntiva de escoger entre el mandato de la historia y las resistencias del sector más ortodoxo de la nomenclatura, encabezadas por las estrictas órdenes de Fidel.
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