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Duelo por Juan el carretonero
Oscar Mario González
LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - El barrio está de luto por la muerte de Juan el carretonero, y eso es inusual en medio de una sociedad donde, según el grupo musical los Van Van, se acabó el querer, porque nadie quiere a nadie.
Pero entre los dolientes son los niños y sus padres los principales afectados. Juan era el encargado de pasearlos en el carretón a lo largo y ancho de dos manzanas u ocho cuadras de terreno, equivalentes a un kilómetro de recorrido, aproximadamente.
Un peso era el precio del paseo infantil. Bien barato y al alcance de todos si se tiene en cuenta que un peso sólo alcanza para comprar en el mercado un limón, un pirulí o un duro frío. Los padres de los muchachos pactaban 3 vueltas, con lo cual podían los infantes, durante media hora, andar montados en el carretón pintado de blanco y rojo bajo la tutela del buen Juan y su mulo bermejo.
Los sábados y domingos eran los únicos días de la semana que Juan destinaba al entretenimiento de los niños. A petición de algunos padres ensayó un paseo adicional a mediados de semana, pero tuvo que suspenderlos a sugerencia de los mismos padres, porque la grey infantil se distraía de manera incontrolable esperando el acontecimiento, pensando en la llegada del miércoles, todo lo cual les distraía y alejaba de los estudios.
Y es que los muchachos no sólo gozaban por andar montados en el carretón desde el cual se sentían gigantes y espectadores de un mundo disminuido y subordinado, sino que parecían formar parte de una trilogía amorosa formaba por Juan el mulo y ellos.
De tanto moverse y confundirse en un mundo de sol, brisa, rebuznos y algarabía infantil, hombre, bestia y niños se habían amalgamado, confundiéndose en idéntica mezcla de cariño y alegrías.
De tanto lidiar con niños Juan se convirtió en otro niño. Sencillo y simple de carácter, vivía solo en una vieja casona que había heredado de los padres. Lo encontraron muerto un lunes por la mañana, y a petición de la única sobrina lo enterraron de inmediato. La muchacha, a pesar de que lo quería, vio el cielo abierto cuando supo de su muerte, pues ahora heredaría la casa y podría estar con su novio, del cual vivía separada por falta de vivienda.
Hace meses que los niños del barrio dejaron de reír a risa plena. El mismo tiempo en que desapareció Juan el carretonero. Ya no se siente el tintineo de los cascabeles que acompasaba con el ruido del carretón al rodar sobre el asfalto, y ante la pregunta de los más pequeños, algunos padres, evitando mencionar la muerte, responden que Juan se fue del país para reunirse con su familia.
La respuesta es convincente aún para una persona mayor, tratándose de una nación en que muchos se van y casi todos quieren irse. Pero el padre de Miguelito no pudo responderle al pequeño cuando le inquirió por la suerte del mulo. El niño preguntó al padre con quién se había quedado el animal, o si se había ido con Juan para Miami. |