Ha muerto un hombre
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - Es curioso el sentido de eternidad que tienen de sí mismos los gobernantes de Cuba. El hecho de detentar el poder durante medio siglo parece haber anulado la percepción de transitoriedad que caracteriza a los seres humanos. ¿Se creerán dioses inmunizados contra el tiempo? ¿Habrán consultado al espejo mientras les caen los años?
La respuesta parece un enigma mágico religioso. Quizás tantas décadas diciendo desde la tribuna lo que es bueno o malo para el pueblo. Tal vez la exclusión de los criterios contrapuestos o, misteriosas razones de Estado, no les permita detenerse en nimiedades existenciales. A lo mejor los aduladores de su entorno les hicieron creer en la eternidad de su obra.
Sin embargo, ya construyen mausoleos con nichos para jefes rodeados de fieles. Muy bien estructurados y alejados de los centros urbanos, como las pirámides de los faraones egipcios, quienes creían en la vida después de la muerte.
Pienso en estas cosas porque desde el sábado 12 de septiembre, cuando la muerte se llevó al Comandante Juan Almeida Bosque, quien fue depositado en un nicho especial, entre palmeras, llama eterna y túmulos de pequeños héroes que lucharon bajo sus órdenes en el Tercer Frente Oriental, los cubanos estamos bajo una avalancha de loas que supera los epitafios del Libro de la muerte.
Almeida fue inicialmente un hombre humilde y sensible que se elevó poco a poco, junto a los hermanos Fidel y Raúl Castro, con quienes participó en el asalto al cuartel Moncada, el desembarco del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Desde enero de 1959 ocupó cargos políticos y gubernamentales. Fue, además de un funcionario fiel y discreto –casi invisible-, compositor y amigo de músicos y cantantes.
Ahora es comparado con el León de Oriente, el general independentista José Maceo, hermano del Titán de Bronce (Antonio Maceo). La radio, la televisión y los periódicos del país exaltan su heroísmo, muestran fotos suyas, describen las acciones en las que intervino y citan frases escritas por él. La campaña mediática no vacila en calificarlo de egregio e inmortal.
No conocí al Comandante Almeida, pero me gustaban sus canciones, especialmente las interpretadas por Beatriz Márquez y Farah María, divas preferidas del héroe compositor, identificado por algunos como Mecenas, promotor del arte y la cultura nacional.
Antes que Raúl Castro ordenara construir en una loma de Mayarí el mausoleo del II Frente oriental, donde reposan Vilma Espín y el bailarín español Antonio Gades junto a los soldados de la tropa del actual Presidente de Cuba, existían en las calles de la isla cientos de tarjas que mitificaban a los caídos, y panteones de las Fuerzas Armadas en casi todos los cementerios.
En otras palabras, el protagonismo político del grupo que envejeció en el poder está fundado en una idea de eternidad que parece engañosa. Creerse dioses es una cosa, pero veremos qué dice el tiempo cuando otras generaciones reescriban la historia.
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