Crónicas          
31 de marzo de 2008

Flores nada más

Rafael Ferro Salas

PINAR DEL RÍO, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - El gobierno cubano inició en la década de los noventa un programa de agricultura urbana. Era un modo de enfrentar la escasez de alimentos para la población. En cada una de las 14 provincias cubanas, incluyendo el  municipio especial Isla de la Juventud, construyeron los llamados organopónicos, especies de canteros artificiales para el cultivo de hortalizas, viandas y frutas.

Esta provincia no quedó al margen y se llevaron a cabo las construcciones en los diferentes municipios. Llama la atención en esta ciudad -cabecera de la provincia- la existencia de uno de esos organopónicos. En el sitio en cuestión se cultivan flores y hasta la fecha no se ha cosechado alimentos de ningún tipo.

Vale decir que este territorio se mantiene a la zaga en casi todos los sectores como, el transporte, la vivienda y la agricultura. En la distribución y venta de alimentos a la población es también de las aspirantes al último lugar. Abandono, desconocimiento y falta de gestión por parte de las autoridades se enmarcan como las causas principales de esta situación.

Resulta paradójico que en un lugar en el que las expectativas de los pobladores se enfocaban en ofertas futuras de alimentos se vendan flores. Pocas personas tienen el hábito de comprar flores; sería un lujo el gasto en ellas cuando apenas alcanza el dinero para comprar alimentos.

Domina el absurdo entonces la existencia de una instalación de ese tipo, teniendo en cuenta que los servicios funerarios en esta localidad sólo permiten la venta de dos coronas de flores por cada fallecido a los dolientes. ¿Cuál es entonces el destino de las flores que allí se cultivan? ¿Quién tuvo la infeliz idea de sustituir alimentos por flores?

No tenemos las respuestas a estas interrogantes. Hasta el momento seguimos convencidos de una cosa: las flores no se comen, y si algunos lo hace son los menos.

 


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