Retrato de familia
Miguel Iturria Savón.
LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - Juan Antonio Hernández y Marta Suárez vivían con sus pequeños hijos en una casucha de madera por el basurero de El Cotorro, a 17 kilómetros de La Habana. Pero la suerte los premió a mediados de 1980, al recibir una casa en construcción abandonada por unos vecinos que embarcaron por el municipio Mariel rumbo a Florida. Dos cuartos, un baño, cocina-comedor, portal y un patio enorme fueron suficientes para que Nino y Tamara crecieran sin los traumas de sus progenitores.
Siguieron siendo pobres y revolucionarios, pero se comparaban con Tiburcio y Nemesia, vecinos colindantes que poseían una casa preciosa, un automóvil y en ocasiones viajaban a México y los Estados Unidos.
Nino quería ser como Tony y soñaba con una moto Mitsubishi para volar a Varadero con las bellezas del barrio. Tamara se conformaba con un buen matrimonio, pues un extranjero o un funcionario cubano le darían más que Miguel, el marido de Ibis, quienes aumentaron su envidia al escapar en una balsa para Miami en agosto de 1994.
La rutina cotidiana niveló las aspiraciones de la familia. Juan Antonio y Marta envejecieron entre el trabajo, la bodega y las reuniones de vecinos. Tamara se casó con un mulato y tuvo una niña enfermiza. Nino se hizo tornero y pasó unos cursos de marinería para escapar del país, pero los delatores frustraron sus planes. Sobrevivió a duras penas hasta matrimoniarse con la hermana de un amigo que ganó el sorteo y emigró con él a los Estados Unidos en el año 2001.
Desde Miami atendió las carencias de sus padres y retomó la competencia con el vecino de al lado, a quien trata de superar mediante la construcción de una casa de ensueños en el mismo terreno.
Los vecinos no saben qué hace Nino en Miami para venir dos o tres veces cada año, alquilar un auto de lujo y derrochar miles de dólares. Unos dicen que se casó con una millonaria. Otros que es un simple chofer del aeropuerto internacional de Miami. Sus enemigos de ayer especulan sobre negocios oscuros.
Nadie sabe nada, pero todos comentan. Nino sorprende a sus pobres vecinos con tantos viajes y con la construcción de una residencia que perderá si mueren sus padres, pues la Dirección de Vivienda no reconoce el derecho de quienes se fueron del país y puede reubicar a la sobrina y declarar el inmueble de interés social.
Ojalá regrese pronto al lugar donde creció y forje una familia sin los traumas y las miserias de su infancia. |