Desde Costa Rica una posición común para el cambio en Cuba.
Miguel Saludes.
MIAMI, Florida, marzo, (www.cubanet.org) -El pasado 14 de marzo se efectuó en San José de Costa Rica una reunión histórica con la presencia de importantes personalidades de la democracia cristiana regional. Entre los participantes destacados en el Foro de Solidaridad Latinoamericana al Encuentro con Cuba estuvieron Manuel Espino, presidente de ODCA, Rafael Ángel Calderón, Vicente Fox y Vinicio Cerezo, ex presidentes estos tres últimos de Costa Rica, México y Guatemala respectivamente.
Las organizaciones demócrata cristianas de Cuba dieron a conocer en la capital tica el documento titulado Posición Común de los Cubanos. Los diez puntos contenidos en esta declaración exponen de manera concreta la postura de un sector importante de los que luchan por la democratización de Cuba, en la Isla y desde el exilio.
El decálogo, presentado en el marco del evento, recorre cinco temas importantes de la problemática cubana: el derecho del pueblo a vivir en democracia, el rechazo a la ingerencia externa, la solidaridad con los movimientos cívicos internos, proyección de la futura sociedad democrática y el diálogo como vía factible de lograr esta meta. El décimo acápite constituye un llamado para que se cumplan ciertas exigencias ineludibles ante cualquier salida hacia la democracia.
El pueblo cubano es uno solo. Así comienza el primero de los cuatro segmentos dedicados a los componentes de la Nación antillana. La construcción de esta no puede ser privilegio de unos pocos. Nadie puede eludir la responsabilidad que le toca en este deber y mucho menos puede ser excluido de ello por razones de ninguna índole. Sólo con la integración de todos sus hijos se podrá levantar la Casa grande a la que todos tenemos derecho. Un Hogar pluralista, civilista, socialmente justo y participativo.
Hacer ese Estado corresponde a los cubanos. La búsqueda de una salida democrática mediante sanciones y acciones impositivas no es el camino adecuado. Por muy buena que pueda ser la intención, promover derechos a la fuerza solo consigue incrementar el sufrimiento de los que padecen opresión, mientras los opresores justifican sus actos ante hechos que puedan mostrar como ingerencistas.
Lo que no puede ser visto como ingerencia es el apoyo de los propios cubanos a quienes pacíficamente luchan por establecer una sociedad civil y de derechos. La cooperación, la solidaridad y el trabajo conjunto entre los actores externos e internos es un ejercicio válido que merece el reconocimiento internacional. Si los cubanos que viven en la Isla tienen el papel preponderante en el proceso de transición, el rol de los exiliados no puede ser ignorado ni minimizado.
¿A qué sociedad aspiran los demócratas cubanos? No es otra que aquella basada en los principios y valores del pensamiento humanista, en la que todos y cada uno de los ciudadanos pueda realizarse en libertad, justicia y solidaridad. Donde la persona humana sea protagonista en medio de una sociedad que respete los derechos y las libertades fundamentales tal y como están definidas en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los Pactos contenidos en la Carta Internacional de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Su meta no es asentar privilegios de clase, raza, sexo, origen nacional, religión o afiliación política. Tampoco liquidar los logros alcanzados por el trabajo del pueblo cubano en los campos educativos y de salud, como suele argumentar el Gobierno unipartidista de la Isla. Se pretende simplemente que los cubanos vivan libres del arbitrio de dictaduras de Estado o de Mercado.
Solo a través de la Reconciliación y el Diálogo entre los cubanos, sin exclusiones de ningún tipo, podrá realizarse ese camino, cuyo derrotero fue mostrado en San José y que desde hace años vienen haciendo muchos compatriotas desde ambas orillas y desde muchas partes del mundo. Diálogo abierto, transparente, respetuoso hacia el cual deben dar pasos positivos las propias autoridades de Cuba.
Pero todo lo anterior debe tener unas condiciones mínimas que garanticen la buena marcha del proyecto. La liberación incondicional de los presos políticos y prisioneros de conciencia es una cuestión de primer orden. Otros aspectos significativos recogidos en la exhortación final del documento son la entrada libre al país que nos vio nacer, incluso para establecerse y trabajar en pro de estos cambio; el acceso a medios tan importantes como Internet, así como la derogación de ciertas medidas tributarias que significan una sobre carga para los cubanos sencillos. La solución primaria de estas situaciones estaría en la antesala de cualquier diálogo próximo o futuro.
La posición común expresada en Costa Rica contó con el asentimiento de cuatro grandes grupos de la democracia cristiana cubana. El Partido Demócrata Cristiano, liderado por el actual Vicepresidente Político de ODCA Marcelino Miyares, el Directorio Democrático Cubano, representado por Javier de Céspedes, El Movimiento Cristiano Liberación, dirigido por Oswaldo Payá Sardiñas, representado por Francisco de Armas y el Partido Demócrata Cristiano de Cuba encabezado por Rafael León, y representación externa de René Hernández. A ellos se unieron como invitados la Fundación Cubano Americana, con la presencia de su director Julio Pich, el Brigadier General José Quevedo por las Fuerzas Armadas Revolucionarias en el exilio, el Instituto Jacques Maritaine de Cuba en su presidente José Ignacio Rasco y Raíces de Esperanza en la delegación de Nicolás Jiménez. Todos ellos hacen un sólido respaldo a esta propuesta para el bien de Cuba, hecha por Cubanos que aspiran a la libertad y prosperidad de su Patria.
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