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18 de marzo de 2008
TINTA RAPIDA
Comprar y vender

RAUL RIVERO

Hay un ángulo trágico, productor natural de ansiedades, vergüenzas y humillaciones, que sólo pueden ver (y padecer) los ciudadanos que aman y respetan las naciones donde se instalan las dictaduras. Hablo de la experiencia obscena de comprobar como el poder y sus pajes convierten los días de la vida de la gente indefensa en una pieza de teatro bufo.

En cualquier momento, sobre todo en tiempos difíciles, los señores de las fuerzas y las pistolas ponen en práctica ejercicios y maromas que hacen más vana, superficial y degradante la existencia.

El drama de la mayoría sojuzgada -para las personas que viven en democracia, por ejemplo- se percibe entonces como el guión de un programa cómico, un sainete. Eso forma parte de la esencia del folclor de un retablo multicolor de personajes que han gobernado sus pobres países con la cabeza cubierta con un tricornio lleno de plumas o con una gorra copiada de los platillos voladores.

El más reciente episodio que ha causado asombro o risa ajena (nada más que ajena) viene de Cuba y ha enviado a Hugo Chávez (provisionalmente) para el camerino. Ha sido primera plana en todos los medios: el régimen cubano podría autorizar, dentro de pocos días, a los habitantes de la isla a que compraran ordenadores y DVD. Y, que para el 2010, es probable que puedan adquirir equipos de aire acondicionado, tostadoras de pan y otros artículos electrodomésticos.

Dentro del país, para la mayoría, que recibe un salario de entre 13 y 17 euros al mes, la noticia se recibe con resignación y con ciertas sonrisas ante las cámaras de los corresponsales extranjeros.

Se estudia también que los cubanos se puedan alojar una noche en uno de los hoteles de su país. Que puedan bañarse alguna vez en la playa de Varadero y que, si a mano viene, no tengan que pedir permiso al Ministerio del Interior para hacer un viaje al extranjero.

Los sabios criollos, una vanguardia de reconocidos economistas, examinan la posibilidad de que los nacionales, nombre que reciben los cubanos en las altas esferas, puedan, además, comprar y vender sus casas desvencijadas y sus automóviles injertados y con marcapasos.

Otro paso fundamental es que el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista, comenzará a circular los viernes con 16 páginas. Ya está. Comenzó todo. Deja que la gente se ría, dicen los heraldos del cambio.

¿Se ha dicho algo de los 234 presos políticos? ¿Algo de los 55 que mañana martes cumplen cinco años en las cárceles después de juicios sumarísimos en la primavera de 2003? ¿Se habla de darle su espacio a la oposición interna?

«No», me dice desde La Habana un viejo amigo periodista independiente, «en cuanto al monte, ni un cuje».

En ese refrán cubano, al menos en esta nota, monte quiere decir libertad.

 

 
 
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