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28 de febrero de 2008

Cuba y otras dinastías republicanas

JOSEP Pernau / elPeriodico.com

Si se hubieran organizado quinielas sobre la sucesión de Fidel Castro, se estarían pagando una miseria. Para la mayoría de los cubanos, no ha sido ninguna sorpresa la cesión al hermano Raúl del sillón presidencial. El razonamiento del pueblo era elemental: ¿para qué buscar si todo ha de seguir igual? Los últimos 49 años de historia se han escrito en familia. Que continúe un Castro al frente del poder. Raúl sabrá ser guardián de las esencias doctrinales, lo que permite creer que el continuismo está asegurado.

Si creyeran en Dios, se diría que el expresidente coreano Kim Il-sung inspiró la fórmula de la sucesión familiar desde el cielo, pues dejó el poder en herencia a su hijo, Kim Jong-il. Quedan pocos países comunistas en el mundo y entre ellos se han de proteger. Quién sabe si la mano de Kim Il-sung no ha intervenido, porque vivió convencido de que Dios era él, y a lo mejor tenía razón. Hay hechos que abonan esta creencia: se concedió títulos que tienen música propia de la divinidad, como el de presidente eterno de Corea del Norte, e hizo construir más de 1.000 monumentos en su honor por todo el país. El pueblo come poco, pero visita los monumentos con devoción. Y el hijo cumple el mandato de construir bombas nucleares, desafiando a Estados Unidos. Igual que Cuba, asediada por el bloqueo. La inspiración coreana de la sucesión cobra posibilidades cuando se barajan estos detalles.

Los que no tienen nada que ver son los Somoza, tres nada menos, que se apoderaron de Nicaragua, donde fueron una dinastía, creada por Anastasio en los años 30, al que sucedió su hijo, Anastasio II, y a este, su hermano Luis. No fueron de la cuerda de Raúl, pero son un ejemplo de dinastía republicana, lo que demuestra que las ha habido de todos los colores.

 

 
 
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