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El Guevaraso contra Obama
Miguel Saludes.
MIAMI, Florida, febrero, (www.cubanet.org) -La carrera por ocupar la silla presidencial de la Casa Blanca está aportando numerosas sorpresas. Por primera vez en al historia de Estados Unidos una mujer y un hombre de la raza negra, ambos por el mismo partido, están entre los favoritos. Hillary Clinton y Barack Obama, luchan voto a voto por llevar la delantera en la convención demócrata que deberá elegir cual será el candidato que enfrentará la aspiración republicana. Y precisamente quien está llevando la mejor parte hasta el momento es Obama.
Contra el pronóstico de muchos se alzó este joven político afro americano. Además de su corta experiencia como senador por el estado de Illinois, tiene en contra un nombre de reminiscencia árabe (Barack Hussein Obama Jr.), para colmo muy parecido al de uno de los peores enemigos de la nación norteamericana. Una sonrisa abierta y un discurso prometedor de cambios, algo que piden a gritos todos los círculos estadounidenses, han resultado las claves para ganarse la simpatía de votantes jóvenes, personas en edad madura, pertenecientes a las clases pobres y medias, no pocos apellidos ilustres, intelectuales y artistas reconocidos, hombres, mujeres, blancos, negros y latinos. El boom Obama es conocido por algunos como el retorno de Camelot. Así se designó aquella época dorada de los sesenta, bajo los auspicios del presidente J.F. Kennedy. Los constructores de mitos ligan toda la debacle posterior al magnicidio con la pérdida de un mundo que por un corto plazo prometió ser distinto bajo el liderazgo democrático norteamericano. Con la muerte violenta de Kennedy se revivió la imagen mítica de la espada de Arturo, enterrada en espera de tiempos mejores. Lo que ocurre en estos días vaticina la proximidad del renacimiento de la magia y el elegido parece ser Obama.
Todavía faltan meses para que se decida el curso de las elecciones en Estados Unidos. Mientras en el partido demócrata se verifica una lucha enconada entre sus candidatos, los republicanos ya tienen las cosas mejor definidas. Su representante será John McCain, otra gran sorpresa tomando en cuenta que este hombre de edad bastante avanzada, cuyas ideas son apreciadas como liberales, no es el favorito del ala conservadora de su partido. Sin embargo el viejo McCain barrió con el favoritismo de los simpatizantes.
Un detalle curioso, ocurrido durante la parte más reñida de la campaña demócrata, impactó negativamente en la imagen del contrincante de Hillary. En un colegio de voluntarios pro Obama apareció la esfinge de Ernesto Ché Guevara montada sobre una bandera cubana. La enseña tricolor estaba colocada sobre la pared más visible del local. La foto, tomada en una oficina de Houston, Estado de Texas, se divulgó por diversos medios. Una mujer cubano americana nombrada María Isabel, fue señalada como la responsable de la inexplicable decoración. No tardaron en reaccionar los oponentes a Obama, quien ya se ganó la desconfianza de los votantes de origen cubano por sus declaraciones sobre una flexibilización de la política norteamericana hacia Cuba en caso de salir electo.
Entonces cabe preguntarse para qué una supuesta simpatizante de la fórmula demócrata con Barack Obama al frente, haya colocado de manera tan burda esta piedra en el camino del aspirante. Un idealismo izquierdista declarado o una conexión sentimental con la simbología castrista no bastan para justificar tamaño error. Que existan partidarios del régimen cubano entre las filas de Clinton o de su oponente, no es la noticia. Lo llamativo es que estos provoquen con actos, como este de la bandera con el Che, el rechazo hacia el candidato al que apoyan, cuando este se encuentra en el mejor momento de la carrera. ¿Tal vez pensaron ganar más adeptos latinos identificados con el legendario Guerrillero? Paralelamente el comentarista ideológico en Jefe se dedicó por esos días a redactar una serie sobre McCain. En la misma pone de relieve lo “perverso” que encierra la personalidad del republicano. Sería un error, es la conclusión de Fidel Castro, que este resultara elegido como mandatario. Una reflexión que le da razón a los que se inclinan por una presidencia fuerte bajo el mando de senador de Arizona.
El resto del planeta observa con expectación lo que ocurre en la nación americana. Aunque nadie lo hace con más presunción que los vecinos de Cuba. Con esa inmodestia característica de asumir ser el ombligo del mundo, el régimen pareciera pretender una vez más influir en las intenciones del votante norteño desde la cercana isla. Que sea cierto o no, las maniobras resultan altamente sospechosas. Si en verdad el objetivo es influir en los acontecimientos políticos o el rumbo que tome el vecino del Norte a partir de noviembre, no haría más que confirmar una idea a la que ha apostado con tenacidad Castro durante décadas. Y es que a su gobierno nunca le ha convenido que Washington tenga un presidente que opte por un cambio radical en la política hacia la Isla. Levantamientos de embargos, disposición al diálogo abierto y proyectos de ayudas económicas, han sido tomados por La Habana como maniobras peligrosas contra las que conviene conspirar. Nunca han prosperado, en buena medida, gracias a la actitud adoptada por los que dirigen los destinos de Cuba.
Es notorio que los presidentes más dispuestos a resolver el diferendo con la nación insular hayan encontrado las más rudas respuestas por su contra parte en el conflicto. La Crisis de los Misiles, la intervención en Angola, el éxodo del Mariel, la crisis de balseros del 94, el derribo de las avionetas con la que se indujo de cierta manera a la firma de la Ley Helms Burton, han sido eventos forzados desde Cuba contra administraciones de espíritu constructivo. Una futura administración demócrata parece contar con el favor del voto norteamericano. La aceptación del ramo de olivo ofrecido por Raúl Castro sería inminente. Pero el Guevaraso lanzado contra Obama puede ser el primer golpe para evitar que se materialice esa posibilidad.
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