Opinión           IMPRIMIR
19 de febrero de 2008

El Barco se Hunde  

                                         
Jimmy Escobar

MANAGUA, Nicaragua, febrero, (www.cubanet.org) -La revolución cubana, es similar a un barco que naufraga y al parecer a Raúl Castro se le ha encomendado la ingrata tarea de custodiar la manera cómo el barco se hundirá. 

Fidel Castro, es la revolución cubana y la revolución cubana es Fidel.  Esto significa que cuando Fidel muera, este utópico proyecto llamado “revolución” también morirá.  La revolución cubana no tiene a alguien capaz de  suplantar a Fidel con su magistral y persuasiva retórica, su increíble forma de manipular circunstancias y eventos, así como también su refrescante capacidad de venderles a los cubanos las promesas de un mañana mejor, a pesar de, que cada noche se acuesten en absoluta miseria.

Para Raúl la ingrata tarea de escoltar el hundimiento de este fracasado experimento socialista, solamente tiene dos opciones: La primera es aceptar cambios drásticos en la forma como la revolución ha funcionado que den espacio para una apertura económica y política. Por ejemplo, ofrecerle a los cubanos espacio para sus libertades de asociación, propiedad y producción.  La segunda opción es no hacer cambios pero seguramente Raúl sabe que esto podría producir a corto plazo, una insurrección civil con resultados desastrosos para la ya arruinada economía cubana, así como la inevitable pérdida de vidas humanas. 

El hundimiento del experimento socialista parecía inminente hace unos cinco años pero para infortunio del pueblo cubano apareció un rescatador: Hugo Chávez.  Un “tonto útil” que con sus billones de petrodólares ha contribuido a “achicar el agua” y así alargar la agonía del inevitable hundimiento de la revolución cubana.

Al parecer, como parte de una maniobra de supervivencia política, Raúl ha pedido a los cubanos que “hablen sin miedo”. Esto ha generado dentro de las estructuras controladas por el régimen, una impredecible ola de quejas y recriminaciones.  Ese pedido tan poco usual, deja más interrogantes que respuestas: ¿Por qué habría el pueblo cubano de tener miedo en el autodenominado “país más democrático del mundo”?  ¿Por qué  solicitarles que le digan lo que el círculo de poder ya sabe?: O sea,  que el experimento socialista en Cuba es un descomunal fracaso. 

En mi opinión, esta petición tan poco usual, de que “hablen sin miedo”, lo único que busca es crear expectativas para un cambio, ganar tiempo y disminuir la presión social que agobia al círculo de poder de Raúl Castro. 

La supervivencia de la dictadura castrista en estos momentos depende de la muerte de su  creador: Fidel Castro.  Raúl ya ha admitido públicamente que la revolución necesita “cambios estructurales”, aunque nunca ha dado una definición exacta de aquello a lo que se refiere.  De cualquier manera, mientras Fidel esté vivo estos llamados “cambios estructurales”, no podran darse debido a que el dictador podría despertarse a un momento de lucidez  y contacto con la realidad y desafiar cualquier “cambio estructural”.   Esto dejaría a Raúl y a su círculo de poder desacreditados ante un pueblo ya aprensivo y agotado. 

Aquellas personas que defienden la lucidez de las facultades mentales de Fidel, tal vez no se han dado a la tarea de leer sus llamadas reflexiones a las que defino como incoherentes y grandiosas manifestaciones de un hombre totalmente fuera de contacto con la realidad del diario vivir del pueblo cubano.

Hay un paralelismo entre el naufragio del Titanic  y el naufragio de la revolución cubana. El Titanic antes de su choque fatal con la punta del iceberg, ya tenía irreparables deficiencias en su estructura interna.  La revolución cubana también tiene daños estructurales que la hacen insostenible, la muerte de Fidel Castro será la el catalizador de su inevitable hundimiento.

Cuentan que durante el naufragio del Titanic hubo un grupo de dedicados músicos que en medio de la  tragedia decidieron dedicarse hasta la muerte a su vocación musical.  Un recuerdo que siempre llevaré en la mente durante mi estadía en Cuba era el encontrarme con dedicados revolucionarios que trataban de hacerme creer que el experimento de la revolución  sí funcionaba aun cuando la evidente realidad mostraba todo lo contrario.

Se dice que muchas personas viajeros en tercera clase en el Titanic, perdieron su vida ya que los pasajeros ubicados en primera clase tuvieron acceso preferencial, más rápido y eficiente a los botes de salvamento.  Resulta este otro paralelismo irónico, ya que es muy probable que los generales y allegados al círculo de poder de la dictadura castrista ya tengan asegurado su futuro fuera de Cuba, con cuentas bancarias y propiedades en el extranjero.  Por el contrario, mientras el barco de la revolución cubana se hunde, el “cubano de a pie”, viajero de tercera clase, sucumbe agobiado por la desidia, el abandono y la falta de todo en su diario vivir.  

Una mañana paseaba por el malecón habanero cuando encontré a varios policías custodiando el cuerpo sin vida de un hombre,  mar adentro, una lancha de rescate buscaba a otros más.  -Un balsero, me dijo alguien al oído.  Junto al cuerpo, una balsa destruida por las olas, construida con viejos neumáticos reparados decenas de veces, tablas medio podridas y las partes de lo que parecía una vela, cocida a mano con pedazos de ropa.   Ante mi estaban los restos mortales de un cubano de tercera clase que, sin los medios para subirse a un avión o contratar los servicios de una lancha rápida, intentó escapar del barco.

Cerca del Titanic había otro barco que pudo haber salvado muchas vidas,  pero su radio se encontraba apagado y las señales luminosas de auxilio fueron confundidas con los fuegos artificiales de una fiesta.  He encontrado en Cuba turistas, asistentes a infinidades de congresos  e “internacionalistas”,  engañados por el régimen,  que en segregados hoteles y playas, continúan creyendo que Cuba es un paraíso, una gran fiesta…  Gente que no ve las señales de los cubanos pidiendo auxilio.  Quizás sea por eso que en la isla cada cubano cuando habla con un extranjero invariablemente le pregunta: ¿Qué piensas de Cuba?   Muchas veces he preferido ignorar la pregunta y mirar fijamente al suelo, la gran mayoría de los cubanos ha entendido mi silencio. 

Fidel Castro, ahora en el ocaso de su existencia, se dedica a  escribir grandiosas reflexiones y hacer  dramáticas reapariciones. Mientras él trata de mostrarse invencible y  erguido ante el mundo, es muy posible que ya esté planificado su faraónico funeral.

El mundo advierte que el naufragio de la revolución cubana es inevitable...que el barco se hunde.

 

 
 
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