14 de febrero de 2008

Fantomas se desencadena

MIGUEL COSSIO

La propagación del rumor del ''arresto'' en Cuba del estudiante de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) Eliécer Avila me trajo a la memoria la cinta Fantomas se desencadena, cuya sinópsis puede encontrarse en internet: ``cuando el profesor Marchand, un célebre científico, desaparece misteriosamente, el comisario Juve (Louis de Funès) sospecha inmediatamente de Fantomas (Jean Marais)''.

El rumor, como el malvado Fantomas, tiene mil caras y es capaz de envenenar y transformarse en cualquier cosa. Fue lo que ocurrió en este caso. Algunos medios locales y de otras partes se fueron con información incompleta o eventualmente contaminada.

Sin otro dato que el testimonio de oídas del opositor Juan Carlos González Leiva, se lanzaron a dar y comentar el rumor como noticia. No sólo hicieron el ridículo y violaron el abecé del periodismo, que es verificar los hechos y establecer la duda como herramienta indispensable del oficio, sino que también se sirvieron en bandeja a una posible manipulación orquestada desde La Habana.

En una columna anterior (Enemigo rumor, agosto 28 del 2007) había tocado el tema a raíz de las historietas infundadas sobre la muerte de Fidel Castro. La moraleja entonces fue que el rumor, como especie ambigua, cautiva a las masas y genera fascinación. Muchas veces se lleva en la golilla aun a los profesionales de la noticia.

Por lo visto, aquel episodio se olvidó con rapidez, sin sacarse la enseñanza debida. Ahora se ha cometido el mismo error. Al margen de la regla de oro del tratamiento correcto de la información, el caso del supuesto arresto del joven Eliécer Avila entraña una falta de sentido común.

Además de guiarse por normas escritas, los periodistas deben seguir su olfato para manejarse con pericia. Aquí primó la pasión y no la razón, el activismo político y no el ejercicio de la profesión.

Los rumores no se dan ni tampoco se desmienten. Fueron algunos los medios que dieron vuelo al ''arresto'' de Avila y, con ello, colocaron a otros en una situación incómoda en cuanto a qué hacer, porque la calle ''exigía'' claridad y precisión. La alternativa de salir a desmentir o simplemente decir que no había nada confirmado fue motivo de debate apasionado en varias salas de redacción. A otros no les preocupó mucho y se fueron con la bola de trapo, sin ponerse a pensar que Fantomas está siempre al acecho.

El periodista debe saber discernir lo que le llega, incluso los rumores, y correlacionar hechos y antecedentes. En este caso, ni siquiera se hicieron la pregunta elemental de por qué el régimen de los Castro cometería el garrafal error político de detener de forma tan extraña y burda a un simple estudiante convertido en figura pública por la difusión del video de la reunión con el jefe del parlamento, Ricardo Alarcón.

¿Por qué junto a Eliécer Avila no fue también ''arrestado'' su condiscípulo Alejandro Hernández, quien cuestionó el pregonado voto unido, pieza clave del sistema político y electoral de Fidel Castro? ¿Por qué la policía política cubana se aventuró a montar un circo en Puerto Padre, a 800 kilómetros de La Habana, cuando era tan fácil aprehender a Avila en la misma capital? ¿Qué necesidad había de meter en el potaje a uno de los hijitos de Carlos Lage? Nadie sabe.

Estas y otras preguntas siembran un campo de dudas, que no puede cruzarse inocentemente con el primer reporte que llega de la isla, aunque sea de buena fe. ¿Quién quita que al opositor González Leiva le hayan pasado gato por liebre y sólo tuvo acceso a parte de la verdad? Había que tomar el asunto con prudencia.

Más allá de estas dudas razonables quedaba la incógnita de por qué los medios y agencias de prensa internacionales acreditadas en Cuba (Reuters, AFP, AP, CNN, El País, EFE) no reportaron el caso. ¿Por cobardía y complicidad con el régimen? No lo creo. Si el sujeto de la ''noticia'' era Eliécer, ¿por qué estos medios no informaron de inmediato que estaban indagando su paradero? Por eso mintió la periodista oficial Rosa Miriam Elizalde al acusar, durante el acto público de descargo de Avila y otros jóvenes de la UCI, a las agencias de prensa por difundir la falsa noticia del arresto.

Muertos Louis de Funès (1983) y Jean Marais (1998) parecía que la saga de Fantomas en el cine francés (Fantomas, Fantomas se desencadena y Fantomas contra Scotland Yard) era material de estudio de cinematecas. Pero la ''muerte'' de Fidel Castro en agosto del 2006 y el ''arresto'' ahora de Eliécer Avila me hacen pensar que nos esperan otras ediciones.

Dtor. editorial y de noticias

América TeVe Canal 41.

 

 
 
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