Crónica           IMPRIMIR
29 de enero de 2008

Hipótesis

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org) - Creo que el presidente Luis Inacio (Lula) Da Silva pasó por La Habana para escenificar un último acto de fidelidad a quien fue su referente de la época en que se desempeñaba como obrero de la industria metalúrgica.
             
Pese a sus valoraciones positivas en torno a la salud de Fidel Castro, las imágenes ofrecidas en los medios de comunicación no dan lugar al optimismo. Opiniones de varios espectadores coinciden en describir el mal estado físico del mandatario cubano, retirado del poder desde el 26 de julio de 2006 tras una enfermedad no especificada.
             
“Lula vino a compartir por última vez con su amigo. A pesar de que discrepen en algunos temas, en el fondo existe una empatía que tiene su sedimento en ideas forjadas en la izquierda radical. Es una amistad de casi 30 años y aunque Lula haya adoptado otras políticas muy distantes de los dogmas que abrazó en su juventud, nunca va a apartarse de la utopía revolucionaria. Aquí vienen a curarse las heridas de la nostalgia. Es un ritual para quienes aún creen en la dictadura del proletariado y en gran parte de las cláusulas del marxismo-leninismo”. En estos términos se expresó un otrora militante del partido, hoy desencantado de una revolución clasificada en el rango de las estafas.
             
“Hasta cierto punto a la izquierda del continente no le conviene un descalabro en Cuba tras la muerte de Fidel. Le interesa conservar, en términos políticos, un socialismo quizás menos ortodoxo, pero que no pierda en su totalidad las esencias”, aseguró el abogado oficialista devenido en un implacable crítico del sistema.
             
“Tras este plan, con diversos matices, están Chávez y Lula. Dos líderes con fuertes compromisos en mantener vivo el impulso y las teorías del sistema que busca la igualdad de clases, la preeminencia del estado y el intento de recortar las derechos fundamentales”, agregó mi interlocutor reiterándome su preferencia por el anonimato.
              
Particularmente pienso que la visita tiene otras lecturas. Una de ellas radica en la probabilidad de que se esté reforzando una retaguardia que con Chávez resulta poco fiable dada la polarización política en Venezuela, y las sucesivas pifias que ponen en duda su crédito como estadista ante la opinión pública internacional.
               
La derrota en el referéndum que perseguía legalizar la elección presidencial consecutiva y sin limitaciones constitucionales, junto a una serie de medidas en menoscabo de las libertades ciudadanas, podrían haber sido algunas de las causas para  que la élite de poder en Cuba diversificara las opciones para sobrevivir a corto y mediano plazo.
               
El indeclinable apego a la confrontación, su afán de protagonismo a través de acciones que resultan disparates, como el apoyo dado a las guerrillas de las FARC, al margen de su pésimo record  de secuestros, actos terroristas y participación en el narcotráfico, son puntos negativos que pudieran convertirse en detonantes de serios problemas para una gobernabilidad que, a estas alturas, podría considerarse precaria y con probabilidades de alcanzar las fronteras de la anarquía.
              
Raúl Castro puede que haya sido uno de los mayores entusiastas de un  acercamiento a Brasil a tono con las  añejas simpatías entre Fidel y Lula. En este caso la afinidad ideológica entre ambos mandatarios ha sido el puente para lograr un notable espaldarazo económico que se inserta en la estrategia de lograr una sucesión con el mayor orden posible. Préstamos que superarían, según los partes noticiosos, los 800 millones de dólares, son una suma apreciable para una economía en bancarrota.
              
Los defensores del rumor de que Raúl Castro no comulga con la filosofía bolivariana, tendrían en esta rápida pero fructífera visita del actual presidente de Brasil, un asidero para armar su tesis.
              
Chávez ha humillado en reiteradas ocasiones a la alta dirigencia de la isla. Su actuación como si fuera el patrono de Cuba en detrimento de la soberanía nacional y de la dignidad de los hombres pertenecientes a la nomenclatura, son realidades que se han admitido por dos cuestiones: el multimillonario suministro de petróleo en ventajosas condiciones, y los vínculos paternales entre Fidel y Chávez que tienen como telón de fondo la idea de persistir en una revolución socialista continental. Un anhelo que el convaleciente mandatario no va a poder concluir.
           
Lula es una carta más sobria, pero menos problemática para los herederos. Puede ayudar con el petróleo, alimentos y otros rubros sin que esto conlleve engorrosas implicaciones a partir de alianzas con un ex –militar varado entre el deseo de encarnar en el espíritu de Simón Bolívar para liberar a América Latina del capitalismo y la fatal manía de alternar, sobre el púlpito, en el papel de cantante, profeta, alborotador profesional, master del sainete y guapo de opereta.
           
Mi interlocutor y yo tratamos de descubrir los entuertos de este asunto sin otra finalidad que encontrar la manera de acercarnos a la realidad en el ambiente de censura y verdades a medias que prevalece en Cuba.
             
Es un buen ejercicio para oxigenar la mente y desterrar la ignorancia. Pensar con independencia, conversar sin ánimos de imponer los criterios propios, vale la pena.
            
Eso hago a menudo con algunas personas. Así he aprendido a leer entre líneas y ha introducirme en las oscuras redes de un sistema que sobrevive gracias, entre otras cosas, al control de la información y al terror implantado por la policía.
            
No es que me crea y haga creer a los demás que mis opiniones son exactas, pero las hipótesis son los únicos caminos para llegar a la verdad. Hacer esto en Cuba es peligroso. Los pensamientos independientes no deben abandonar la caja craneal.
            
Al transformarlos en letras o en modulaciones orales se corre el riesgo de que sean utilizados como elementos incriminatorios ante un tribunal. Es por eso que tantos cubanos practican la doble moral. 
             
En lo personal prefiero errar a seguir en las arenas movedizas de la mediocridad y el silencio. No quiero sobre mi futuro el cargo de conciencia por haber sido un pusilánime. No es vanidad de necio, es decencia y respeto a mí mismo. Una mínima exigencia para llegar a ser un mejor ser humano.

 

 
 
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