Opinión           IMPRIMIR
22 de enero de 2008

El  ritual del voto unido dentro de unas elecciones tradicionales


Miguel Saludes

 
MIAMI, Florida, enero, (www.cubanet.org) -El domingo 20 de enero se efectuaron las elecciones para diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba y delegados a las asambleas provinciales en un proceso nada novedoso. Una vez más los candidatos fueron propuestos según el mecanismo establecido por la Ley Electoral que rige en la Isla.


Durante la campaña previa a las elecciones, se retomó el llamamiento por el Voto Unido. El discurso pronunciado por Fidel Castro el 6 de febrero de 1993, fue enarbolado como telón de fondo en esta jornada. La orientación del Comandante, lanzada en medio de una crisis bautizada eufemísticamente como Período Especial, iba dirigida a la necesidad de persuadir a la gente para que votaran por todos los candidatos de aquellas elecciones. Las adversidades y peligros que se avizoraban, servían de pretexto para el convencimiento. 


“Por eso es tan importante enseñar a votar, y no solo enseñar a votar, sino persuadir a los electores de que lo que conviene al país es el voto unido de los revolucionarios y de los patriotas y no el voto dividido, no el voto disperso. Hay que persuadir a los ciudadanos de que el voto disperso perjudica al proceso, que el voto dividido y disperso no es lo que le conviene al país, no es lo que le conviene a la patria, no es lo que le conviene a la Revolución;..”  De esta manera enfocó Castro la necesidad de marcar de una vez por todas las propuestas contenidas en las boletas. Quince años después el discurso aparece re editado íntegramente en la prensa oficial cubana, esgrimido a manera de divisa en las elecciones del 2008.


Por su parte la Central de Trabajadores de Cuba aprovechó la clausura del Pleno celebrado a mediados de enero para hacer un llamado en defensa del voto unido. Por la Patria Unida a votar unidos, fue el título que encabezó el documento emitido por la unión obrera oficialista cubana, única permitida en el país. A favor de la convocatoria se utilizaron los argumentos de costumbre: preservación de las conquistas revolucionarias, la soberanía nacional y las amenazas provenientes de Estados Unidos, ahora con la presidencia de George W. Bush. 


El documento describe someramente la forma en que resultan nominados los candidatos que serán elegidos. Miles de propuestas, cita el escrito, han sido analizadas rigurosamente antes de su aprobación. Otras son “sugeridas” por las organizaciones de masas y sociales. En definitiva es la cúpula del poder, la del único partido gobernante, la que decide quien representará sus intereses y aprobará, o jugará a aprobar, las leyes del país.


Basta echar un vistazo a la Ley Electoral cubana, específicamente a sus títulos cuarto y séptimo, para comprobar como funciona este ingenio totalitario con pretensiones democráticas. El voto unificado es uno de los elementos utilizados para conceder credibilidad al engaño.   


La Comisión Electoral Nacional (CEN) es la encargada de determinar el número de diputados a la Asamblea Nacional. Lo mismo ocurre con los delegados a las asambleas provinciales, cuya cantidad es regulada de acuerdo a la población en cada municipio, según datos oficiales. La CEN, cuya función es designar a las personas que integran cada una de las comisiones provinciales y especiales, está presidida por un representante de la Central de Trabajadores de Cuba, organismo oficialista que también se encuentra entre los encargados de hacer la selección. Esta tarea es compartida por los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Federación Estudiantes Universitarios, entre varios órganos socio-políticos.  Los integrantes de esas comisiones son designados a su vez por la Comisión Nacional.


Una facultad importante de la Comisión Nacional de Candidatura es la de preparar el proyecto de propuestas para los cargos del Consejo de Estado. Los mismos son seleccionados entre los Diputados de la Asamblea Nacional. Las personas se repiten en la esfera legislativa y en la de poder real. Miembros del Partido Comunista de Cuba, Diputados, Consejo de Estado y de Ministros, se eligen y re eligen entre ellos mismos. El voto popular no cuenta en esta farsa.  Hay tantos escaños como candidatos. Todos deben salir.


En 1997 varios miembros del MCL presentaron su aspiración como diputados a la Asamblea Nacional. Lo hicieron respaldados en el artículo 63 de la Constitución y el apoyo de centenares de ciudadanos. La acción fue frenada por las trabas y vericuetos que encierra la regulación electoral vigente. En consecuencia, al presentarse la iniciativa del Proyecto Varela, junto a ella fue incluida una propuesta de reforma a la Ley Electoral. Antonio Díaz Sánchez, encausado en el 2003 con 20 años de prisión, preparó aquel estudio. Uno de los aspectos  contenidos en esa idea proponía la postulación de al menos cinco candidatos para cada puesto.


La votación de este 20 de enero concluyó. Como expresó el propio Raúl Castro a la prensa nacional han sido unas elecciones tradicionales. Dando por segura su designación como diputado, el General manifestó que había votado donde tradicionalmente lo hace. Sobre el lugar donde se promovió su candidatura manifestó que allí, donde tradicionalmente suelen elegirle, la mayoría acostumbra a votar por él.

No obstante a la próxima legislatura puede enfrentar decisiones poco usuales. Acaso una de ellas sea la designación para la vacante en el puesto del Presidente del Consejo de Estado. Por ahora, tal y como afirma Laritza Diversent Cámbara en una crónica sobre las elecciones, estas transcurrieron sin significado alguno para la población cubana. La participación de los electores nuevamente quedó reducida a trazar una marca en un papel. Una cruz que llevamos cargando durante muchos años los cubanos. Su signo no tiene que ver con el de la redención.
 
 
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