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Los rehenes de Castro
José de Lascurain , argentino amigo de
Cuba

BUENOS AIRES, Argentina, (www.cubanet.org) -Aquí
en la Argentina nada se ha escuchado o leído más del
tema de la Dra. Hilda Molina y la autorización que debe otorgar
el gobierno cubano para que salga del país a conocer a sus
nietos sudamericanos.
Días antes de que Fidel sufriese la primer
estocada de su demasiado lento camino hacia una muerta esperada,
en la misma Alta Gracia, Provincia de Córdoba, el Canciller
argentino entregaba a su colega cubano – dicen que casi a
la fuerza – una carta oficial donde se reclamaba una solución
pronta del tema.
Todos los periódicos del país se hicieron
eco del asunto y, en casi todos los artículos publicados,
se mencionaba la particularidad de que un documento de ese tipo
debía ser contestado, según las normas internacionales,
en un plazo no mayor de 15 días.
Jamás fue respondido.
El gobierno argentino guardó religioso silencio
hasta el día de hoy al respecto, y nada más hizo en
forma pública ni para protestar por la respuesta no recibida,
ni para insistir en lograr su propósito de que se permita
a Molina y su anciana madre viajar a Buenos Aires.
Mientras tanto, al son de las fanfarrias de Hugo
Chávez y secundando una orquestada campaña de publicidad
tanto para su bolivariano gobierno como para la organización
terrorista FARC, nuestro ex - presidente viajó a la selva
colombiana acompañando al hombre quien, con su chorro de
petrodólares, lo ayudó a sanear su Tesoro Público
mediante compras multimillonarias de bonos de la deuda, y a quien
facilitó un estadio de football para que realizara, como
Pedro por su casa, un acto público “contra el Imperio”.
Sin lugar a dudas, molestar a Castro es molestar
a Chávez, cosa impensada e imposible para Néstor Kirchner
y su mujer, la ahora Presidenta de la República, la misma
que en su discurso de Asunción de Mando pidió por
la libertad de Ingrid Betancourt y olvidó pedir por otras
rehenes que la tocan más de cerca: Hilda y su mamá.
Cristina Fernández sabe más que bien
que Hilda Molina, su madre, y el resto de los cubanos no son otra
cosa que eso: rehenes de un régimen nefasto e inhumano.
¿Cuál es la diferencia entre
ellos y los de la FARC? ¿Qué no duermen bajo los árboles
en medio de la selva?
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