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El oportunismo de apoyar malas causas
Míguel Saludes
MIAMI, FL, enero (www.cubanet.org) Lázaro Barredo ha vuelto
a revivir el libelo sobre el Camaján. Numerosas voces libres
se levantaron en la Isla para responder este nuevo ataque, nada
heroico, hecho desde una tribuna que no admite la réplica.
Los argumentos utilizados en la obra original atribuida a Arleem
Rodríguez Derivet y el propio Barredo, reaparecen para debilitar
a los críticos del poder. La insistente machaconería
de presentar al sistema como un modelo de libertades resulta cada
vez menos convincente. Tampoco sirve seguir desacreditando figuras
de la disidencia y tratar de cubrir verdades que están a
la vista. Afirmar que las denuncias sobre el presidio cubano son
injustificadas y quienes lo sufren gozan de plenos derechos otorgados
por el sistema penal revolucionario, además de ridículo,
resulta vergonzoso.
Justificar lo injustificable, defender injusticias, acallar verdades
y ofender al que no puede defenderse, es la función de los
voceros oficiales. Barredo Medina no es el único, pero sí
es uno de los más aventajados en estos menesteres. La forma
en que el director de Granma vierte su vitriólica diatriba
contra los opositores, en especial Elizardo Sánchez Santacruz,
asemeja a la actitud de un fiscal castrense. Basta mirar la pequeña
biografía del candidato a diputado por el municipio Calixto
García, en Holguín, para comprender la razón.
Desde 1960 hasta 1969 estuvo destacado en las Fuerzas Armadas. De
esa institución salió directamente a laborar en la
corresponsalía del diario Juventud Rebelde, primero en Matanzas
y un año mas tarde en la antigua provincia de Oriente. Aunque
no explica en que momento realizó los estudios de periodismo,
se supone que esa fue una de sus ocupaciones dentro de la entidad
militar. De ahí la imagen de uniformado que proyecta en la
Mesa Redonda.
El esfuerzo no ha sido vano. Subdirector de Juventud Rebelde, de
la comisión de relaciones exteriores de la ANPP y Vicepresidente
de la UPEC, hasta llegar a dirigir el órgano principal del
Partido Comunista. Una carrera vertiginosa la del ex columnista
del periódico Trabajadores. Tal vez fueran decisivos para
el ascenso los artículos que colocara en las páginas
de ese rotativo. Los escritos del periodista se caracterizaban por
su retórica aprobatoria ante decisiones adoptadas por el
gobierno y que iban en contra de los representados supuestamente
por el nombre de la publicación. Una de las más controversiales
crónicas bajo su firma, exhortaba a la aceptación
de la impopular medida que ponía los recursos hoteleros al
servicio exclusivo del turismo internacional. Barredo no encontró
mejor argumento que contar sus experiencias como reportero en los
países del campo socialista. Refiriéndose a una estancia
en Praga aleccionó a sus compatriotas con el cuento de que
nunca encontró ciudadanos de la capital checa hospedados
en los hoteles de la ciudad. En su aseveración omitió
decir que los checos, aun dentro del régimen socialista al
estilo soviético, podían vacacionar fuera de su país.
Ellos, a diferencia de los cubanos, viajaban a los territorios vecinos,
incluso fuera de los límites del muro. Era el caso de los
polacos que contaban con la opción de Finlandia, Suecia o
Yugoslavia.
Quien defendió la exclusión de sus conciudadanos al
disfrute de los lugares de ocio dentro del propio suelo patrio,
ahora aplica el mote de camajanes para denigrar a los que denuncian
la situación de los presos, políticos y comunes, así
como las violaciones reales que sufre el pueblo de Cuba en sus derechos
cívicos y políticos.
El sistema unipartidista nunca miente. Para que esto sea posible
mantiene el control de todos los espacios informativos. El uso de
los mismos es una prerrogativa que se otorga a personas como Lázaro
Barredo. Sus voces o palabras escritas se ponen al servicio de la
desinformación. Una de las tareas a cumplir es ofrecer la
visión distorsionada sobre el funcionamiento de procesos
legales donde prevalece la arbitrariedad. Ellos deben convencer
a la opinión pública sobre lo punible que resultan
figuras delictivas como vagancia habitual, revelación de
secretos, desacato agravado o violación de la moral socialista,
merecedoras de recibir castigos exorbitantes. Mayor falta de respeto
a la verdad no puede existir cuando los que se expresan contra el
gobierno, o siquiera asumen una posición contestataria, son
sacados de sus empleos. Muchas veces la prevención recae
sobre familiares y amigos, puestos a merced de la llamada ilegalidad
socialista. Denunciar esas irregularidades es un escándalo
que no pueden permitir los defensores del poder. El recurso que
les queda es acusar de mentirosos y oportunistas a los que asumen
el riesgo.
Las contradicciones terminan por salir, poniendo en evidencia donde
está la mentira. Desde la misma prisión de Guayabo,
Rolando Jiménez Posada refuta el escrito aparecido en Granma.
En nombre de la honestidad que dice defender, el director de esa
publicación debería dar a conocer lo expuesto por
el recluso. Igualmente tendría que dejar espacio para que
José Oscar Sánchez Madan, otro de los mencionados
en su artículo, explique personalmente la razón por
la que se encuentra cumpliendo presidio en el Combinado Sur de Matanzas.
Tal vez este sea solo el inicio de una lista de testimonios escalofriantes
que alguna vez se conocerán en Cuba.
Mientras tanto veremos aparecer nuevos escritos acusatorios contra
los que se dedican a promover la defensa de los derechos humanos.
Su activismo será cuestionado. Si reciben ayuda externa esta
servirá para certificar la existencia de sueldos mercenarios.
Esto será muy provechoso para los que obtienen escalafones
como premio al exhibir su intransigente lealtad al sistema. El salario
y las prebendas que perciben, es el fruto de la triste labor que
significa ponerse al servicio de la opresión. Su ayuda es
fundamental para el sostén de la venda que cubre a la sociedad
cubana por más de cuatro décadas. En un futuro cercano
se sabrá a quienes corresponde verdaderamente llevar el galardón
de oportunista y el título de camaján.
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