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Cuba 2008: Entre esperanzas e incertidumbres
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org) -El comienzo del nuevo
año abre grandes esperanzas de progreso para el pueblo cubano
a través de un proceso de cambios, propiciador del mejoramiento
de sus condiciones de vida. Esto se basa en lo expresado por el
General Raúl Castro el pasado 26 de julio, cuando reconoció
la gravedad de la situación económico-social imperante,
con salarios insuficientes y una agricultura en estado calamitoso;
refiriéndose, además, al posible inicio de cambios
estructurales y de conceptos en la economía cubana.
Ese discurso se debatió posteriormente en las organizaciones
de base del partido comunista y otras organizaciones, donde según
ha sido informado se hicieron más de un millón de
planteamientos de cambios y críticas. Paralelamente, en los
últimos meses, muchos intelectuales, incluidos algunos con
fuertes vínculos oficiales, han reconocido la necesidad de
ejecutar los cambios, llegándose a subrayar el indisoluble
nexo existente entre los conceptos de socialismo y democracia, a
la vez de señalar la necesidad de promover una cultura del
debate en un marco responsable y civilizado, donde todos los ciudadanos
tengan la oportunidad de formular sus ideas sin cortapisas. A ello
se refirió también Raúl Castro durante su visita
a Santiago de Cuba, a mediados de diciembre, pero recalcando que
las opiniones deben ser expresadas de forma adecuada en el lugar
y momento oportuno, lo cual muestra la intención de que no
se salgan de los cauces fijados.
Desde los puntos de vista económico, social, demográfico
y de valores humanos, la acumulación de problemas ha llegado
a un nivel insostenible en la sociedad cubana. Si no ha estallado
ha sido por la aparición de un nuevo patronato, esta vez
procedente de Venezuela que con sus petrodólares la ha apuntalado;
situación que en modo alguno es segura por sustentarse en
una coyuntura de altos precios del petróleo, una materia
prima básica, y de un hecho político acontecido por
la ascensión al poder del Teniente Coronel Hugo Chávez.
Factores, ambos, no totalmente fiables como lo apunta la experiencia
del referendo efectuado a principios de diciembre en ese país.
Por otra parte, en Cuba con el mito máximo de la revolución
seriamente enfermo y una población agotada de escuchar falsas
promesas y de un socialismo inexistente, el consenso político
se ha resquebrajado, lo cual se aprecia en cualquier esquina por
los comentarios de desaliento y ausencia de fe en el futuro de un
sistema disfuncional.
Evidentemente, los cambios son imprescindibles para liberar las
reprimidas potencialidades económicas del país, a
fin de permitir la elevación del nivel de vida de la población
y terminar la prolongada crisis polifacética imperante desde
hace muchos años.
Por todo ello, las manifestaciones del General Raúl Castro
y de intelectuales vinculados al gobierno, así como artículos
publicados en la prensa oficial cubana con opiniones sobre la necesidad
de resolver ingentes problemas, han estimulado esperanzas entre
la población de que en el 2008 se inicien cambios graduales
en la economía y la sociedad cubana en general, que enrumben
el país hacia el progreso y lo saquen del actual marasmo.
No obstante el cauteloso optimismo sobre futuras transformaciones,
también existen signos contradictorios que podrían
indicar la resistencia de algunos elementos dentro del gobierno
y el partido comunista a los cambios para preservar el poder absoluto
mantenido por decenios. La forma como se han preparado las elecciones
del Poder Popular es idéntica a la utilizada en los anteriores
procesos, caracterizados por mecanismos absolutamente antidemocráticos,
donde no hay verdadera selección sino la imposición
de candidatos.
Al mismo tiempo, los prisioneros de conciencia y políticos
pacíficos continúan en las cárceles en condiciones
inhumanas, a pesar de que los planteamientos de Raúl Castro
son similares a los formulados por ellos durante muchos años.
En adición, los medios continúan sus campañas
de calumnias contra los defensores de los derechos humanos y la
democracia en Cuba. Los inmensos aparatos represivos siguen persiguiendo
a los disidentes pacíficos, y listos para acometer una nueva
asonada de alto vuelo. Todo ello contradice los anunciados debates
e intercambios libres de ideas anunciados.
Debe subrayarse que la dirección provisional del gobierno
con sus anuncios de posibles cambios ha creado una gran expectativa
en la sociedad, que espera medidas liberadoras de la asfixia existente,
pero si este proceso no se materializa en hechos concretos y efectivos
devendría un nuevo engaño. La frustración resultante
sería inmensa y con consecuencias impredecibles, teniendo
en cuenta que el clima político se ha transformado radicalmente.
Si las fuerzas inmovilistas y conservadoras logran nuevamente paralizar
el proceso de cambio, la respuesta popular puede ser insospechada
y conducir a la desestabilización del país. Un escenario
indeseado por todo aquel que se sienta responsable por su destino.
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