20 de agosto de 2008   IMPRIMIR   VOLVER AL INICIO
 

Diplomático frustrado

Frank Correa

LA HABANA, Cuba, agosto (www.cubanet.org) - “El embajador” es el mote de un ciudadano de Jaimanitas que toda su vida ha trabajado en sedes diplomáticas, en oficios menores.

Por esta causa popularmente lo llaman así, aunque no presume ni ostenta y vive en una pequeña casita destartalada en la calle Primera, junto al mar, con su mujer y dos hijas. Todo lo que gana lo invierte en ropa y comida y  su único hobby es la numismática. 
Lo conocí cuando intentaba venderle unas monedas americanas imposibles de cambiar en el banco. “El embajador” me impartió una conferencia sobre la naturaleza real de la numismática como fantasía creada por los estados democráticos en la dirección de impregnar valor real a las cosas. Entonces comenzó a arremeter contra Cuba como un país muerto y desnaturalizado. La comparó con un dedo que se arranca a una mano y muere podrido por independencia. Definió al pueblo cubano como un cilindro de aplanar la tierra, que no posee motor propio pero que es empujado y arrasa todo lo que se le ponga delante.

“El embajador” me impresionó por su gran poder de síntesis para explicar lo que a muchos les lleva toda una vida comprender. Su aversión contra el sistema socialista que lo ha subyugado por 50 años roza el furor. Dice que ha sido disidente toda su vida y que si nunca ha arreglado su vivienda es por un sentido de rebeldía nato.

-El estado no vende materiales de construcción, entonces todo hay que comprarlo en la bolsa negra. Ahí es donde te conviertes en “dependiente y comprometido” y ya te tienen “agarrado”. ¿Tú crees que los ladrillos, el cemento, la arena, la piedra y el acero que venden ilegalmente son sólo robados? No. Ahí funciona un efecto de carambola. Jamás entraré en ese juego. Que vean como vivo, con el techo destartalado y durmiendo todos en un mismo cuarto. Con esa miseria me defiendo y puedo encarar al jefe de de policía y al delegado del Poder Popular, sin tener que quedarme callado por comprar materiales ilegales y construir sin autorización.

Me contó “El embajador” que estuvo escribiendo un libro por casi 30 años realmente original. Respuesta a los discursos de Fidel Castro.

-He guardado todos sus discursos –me dijo --, y me dediqué a contestarlos. He rebatido cada una de sus tesis y sus afirmaciones de logros sociales y metas cumplidas, con el fundamento que me asiste como producto de un sistema fallido e inoperante. Detuve el libro cuando enfermó y dejó de hablar. Tal vez nunca pueda publicarlo, pero fue mi contribución personal a la réplica, aunque sea encerrado desde mi cuarto.

Ahora “El embajador” está enfrascado en otra pequeña batalla. Quiere demostrar el daño que provoca en los niños de Jaimanitas el juego de pelota en la calle. Ha enviado a la Asamblea Nacional de Poder Popular un escrito donde argumenta ampliamente la indisciplina cultural y sus consecuencias nocivas. Las tejas rotas, el escándalo, las malas palabras, los accidentes de tránsito, la improcedencia de no asumir los terrenos deportivos como áreas expresas de esparcimiento y recreación. Espera alguna respuesta sobre su carta, mientras que en la calle se escuchan improperios y una pelota cae con estruendo sobre una teja y nos hace saltar en las butacas.

Finalmente mis monedas no valieron un centavo, pero descubrí en “El embajador” una especie de diplomático imaginario frustrado, con la vejez tocándole las puertas y sus proyectos consulares sin respuestas inmediatas.

 

 

 

 
 
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