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Una respuesta a Adrián Leyva
Vicente Escobal
MIAMI, Florida, abril, (www.cubanet.org) -Acabo de leer el trabajo de Adrián Leiva titulado "La prensa silenciosa" en el cual hace referencia al tema de la libertad de expresión. Comparto algunas de las ideas expresadas por Leiva en su comentario. Otras las rechazo.
Al referirse al tratamiento dado por los medios al encuentro organizado por ODCA en San José, Costa Rica, Leiva afirma categóricamente: "Para los primeros (la prensa controlada por el régimen cubano) esta reunión era una más en los esfuerzos por subvertir el sistema comunista, mientras que para los segundos (la prensa del exilio) no cabía dar publicidad a un documento que critica la injerencia de la política extranjera en los asuntos de Cuba, así como las leyes extra territoriales que conspiran contra la soberanía del pueblo cubano, aspecto este defendido casi en su totalidad por un sector pequeño pero influyente del exilio.
Justo es reconocer que no existen "leyes extraterritoriales que conspiran contra la soberanía del pueblo cubano". El único obstáculo que ha impedido el pleno y autentico desarrollo de esa soberanía esta justamente en las leyes nacionales impuestas a Cuba por una tiranía con casi medio siglo de existencia.
El diseño y ejecución de la política exterior de un gobierno depende exclusivamente de su voluntad soberana. Estados Unidos -- más allá de sus vaivenes respecto al régimen castrista, incluso de sus bamboleos y de lo que pudiera considerarse un cierto "coqueteo" en el ámbito económico --, ha mantenido durante todos estos años una posición muy clara respecto a lo que sucede en Cuba, incluso desde la soledad de un voto en las Naciones Unidas y otros foros internacionales.
El termino "injerencia" puede interpretarse desde diversos ángulos en este mundo complejo y globalizado en el cual vivimos.
El régimen castrista ha sido uno de los más injerencistas de este hemisferio superando, incluso, las aventuras intervencionistas de la desaparecida Unión Soviética. En América Latina, por ejemplo, centenares de terroristas, narcotraficantes, secuestradores y toda suerte de bandidos y criminales han recibido de aquel régimen apoyo financiero, entrenamiento, santuario, cobertura mediática y respaldo diplomático. Miles de soldados cubanos fueron enviados a muchos países del continente africano, en una clara injerencia en sus asuntos internos. Organizaciones como la OSPAAL, OLAS, etc. -- creadas por Fidel Castro -- tuvieron en su momento una injerencia descomunal en Latinoamérica, Asia y África. Y no eran precisamente instituciones caritativas ni solidarias. Su único objetivo era la desestabilización y la imposición de un modelo político carente de los más elementales principios del derecho internacional.
No podemos olvidar la injerencia del régimen cubano en Nicaragua, El Salvador, Chile, Uruguay, Panamá, Argelia, Etiopia, Angola, Congo, Venezuela, Argentina y Bolivia, por solo mencionar una docena de países. Hay que recordar siempre los intentos de Castro por crear dificultades a los gobiernos democráticamente elegidos por sus pueblos y como su política injerencista puso en peligro la paz y la estabilidad en muchas sociedades. Justo es decir que la aparición de regimenes dictatoriales en naciones de América Latina durante la década de 1970, fue una consecuencia directa de la injerencia del régimen castrista.
No es sensato decir que "leyes extraterritoriales" han conspirado contra la soberanía del pueblo cubano ni referirse a "un sector pequeño pero influyente del exilio" como su soporte y defensor a ultranza.
Al exilio han pretendido fraccionarlo en "sectores pequeños" y mostrarlo ante la opinión publica internacional como un clan de intransigentes cavernícolas sin patria y con amo.
No, señor Adrian Leyva. Todo lo contrario. Hay que darle gracias al Creador de poder contar con un exilio como el nuestro. Un exilio satanizado y vilipendiado que ha mantenido durante décadas la misma postura, los mismos principios y las mismas propuestas. Un exilio que no ha cedido ni un milímetro ante los intentos de la tiranía por doblegarlo. Un exilio cuya voz se escucha no sólo en Washington. Un exilio gracias al cual los defensores de la democracia y los derechos humanos dentro de Cuba han encontrado un espacio de denuncia a nivel internacional. Un exilio patriótico, dispuesto a llevar su mano solidaria a sus compatriotas en la Isla cuando en ella se instale la libertad y la democracia. Este no es un exilio de galanteos indecorosos. Este es un exilio que ha pagado un precio material y moral muy alto por mantener encendida la llama de sus ideales. Sí, material y moral. Incontables cubanos de este exilio han puesto al servicio de la causa que nos impulsa todas sus propiedades y sus bienes. Otros dieron lo más preciado: sus propias vidas.
La tragedia que ensombrece al pueblo cubano no puede reducirse a simples formulas de naturaleza legal. Si así fuese, entonces habría que aceptar la idea de que una modificación de la política hacia Cuba por parte de la administración estadounidense propiciaría, como por arte de magia jurídica, el derrumbe de aquel régimen.
No quiero parecer petulante ni pendenciero al afirmar que hay que ser extremadamente cuidadoso a la hora de expresar una idea. Aunque no nos percatemos de ello, estamos en un minuto excepcional de la historia de Cuba. Un minuto que demanda de todos mucha claridad en las ideas y en las exposiciones. Mucha sensatez y fidelidad. No es el momento para las disquisiciones filosóficas ni las divagaciones legales. El momento, hoy mas que nunca, es de unidad y de firmeza.
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