Opinión          
15 de abril de 2008

Prohibiciones, mal uso de fondos y apatía, tres conspiradores contra la disidencia interna.

Adrián Leiva. 

Miami, Florida, abril, (www.cubanet.org) -Desde hace unos días algunos medios de prensa del sur de la Florida han abordado del tema de la ayuda material a la disidencia interna cubana, luego que se detectara irregularidades en un alto funcionario de la administración del presidente Bush, acusado de mal uso de los fondos para la democracia en Cuba. El centro de atención del escándalo recae en Felipe Sixto,  asistente especial del presidente  norteamericano para asuntos inter gubernamentales sobre Cuba, entre otras responsabilidades. Este hecho ocurre a pocos días que se anuncie la entrega de 48 millones de dólares, proveniente de fondos federales, para respaldar los esfuerzos por llevar la democracia a la Isla.

En las discusiones respecto al tema, abordado con una tibieza total por la prensa miamense, han dejado fuera de foco el ingrediente principal de un complejo mejunje para detenerse más bien en el recipiente que lo contiene. Y el componente principal de la receta es precisamente el curso que han seguido buena parte de esos millones de  dólares destinados en todo menos en  los necesitados disidentes que día a día tratan de sobrevivir, despojados de empleos.

Las voces de la disidencia interna dentro de Cuba reclaman desde hace años una rectificación de esta situación. Razones no les faltan para ello. El gobierno cubano les acusa constantemente de ser mercenarios al servicio de los Estados Unidos, por una ayuda cuyo caudal en su mayoría se queda dentro de aquel país, en función de otras cosas y no para servir como asistencia solidaria del pueblo estadounidense al pueblo cubano. Es necesario señalar que la mayoría de las organizaciones del exilio no son agraciadas con la ayuda federal. Muchas de ellas se autofinancian en menor medida y no han faltado cubanos que de manera sistemática brindan apoyo económico de sus cuentas personales.

En realidad el justo reclamo de la disidencia interna se enfrenta a proyectos de carácter académico que al final no conducen a soluciones prácticas. Estos propósitos e iniciativas no pueden ni deben estar ubicadas por encima de las necesidades básicas y humanas de los que protagonizan la lucha cívica sobre el escenario vivo. Aunque tampoco debe ser tema exclusivo de una agencia norteamericana.

Si cada semana, solamente por el llamado programa de refugiados políticos, ingresan al vecino del Norte 140 refugiados procedentes de Cuba, cabe preguntarse sobre el espíritu que una vez  caracterizó a los solidarios y abnegados cubanos del siglo XIX. A diferencia de aquellos emigrados los actuales, en un número considerable, al pisar suelo norteamericano se desconectan de la realidad política por la que supuestamente tuvieron que huir de su patria. Si su actitud fuera distinta ¿sería necesario recurrir enteramente a una ayuda federal con el objetivo de sustentar los esfuerzos de los que quedan en la Isla enfrascados en al lucha?

Los asentamientos poblacionales de Tampa y Cayo Hueso fundamentalmente, así como otras ciudades de Estados Unidos, fueron testigo durante las últimas décadas del siglo XIX del enorme sacrificio hechos por la comunidad cubana compuesta fundamentalmente por obreros de tabaquerías. Hombres y mujeres exiliados acopiaban centavo a centavo los fondos para financiar las expediciones que partían hacia Cuba para poner fin al colonialismo español. La guerra necesaria, como la definiera Martí, contó básicamente con el financiamiento del sudor de  cada emigrado cubano. Desde entonces ha llovido bastante sobre los suelos de Cuba y la Florida.

El esfuerzo de aquella época tuvo como fruto la independencia en 1902. Muchos de los emigrados regresaron a su tierra para asentarse. No obstante la construcción de la nueva realidad reclamaría otros gestos de abnegación. Luego del golpe anti constitucional del 10 de marzo de 1952, el camino hacia el Norte quedó abierto para muchos como única vía de salvación. La oposición contra aquella dictadura conoció de la cooperación de cédulas y grupos que enfrentaban a Batista. Su  contribución fue vital.

No obstante la diferencia de momentos en que tuvo lugar y los objetivos de cada etapa hubo un detalle en común entre la gesta por la independencia y la que se desempeñó por restituir la Constitución de 1940. Al margen del pensamiento revolucionario no encasillado en una ideología particular, todos estos movimientos tuvieron presente, además de la clase vanguardia de cada generación, la juventud y el aporte de la experiencia de los viejos caudillos, el solidario aporte financiero del pueblo cubano en su casi totalidad, lo cual le permitió la autonomía y la preservación de los valores de partencia como pueblo y nación.

El proceso político vivido en Cuba durante el fidelismo, que abarca casi medio siglo, ha dejado a la nación en ruina económica y moralmente con la peor desunión de la familia dividida sentimentalmente más por trabas y limitaciones impuestas que por las geográficas 90 millas del estrecho de la Florida. Más que la barrera marítima se impone superar la que impera en la mentalidad fruto de este largo proceso. Las prohibiciones han sido responsables en definitiva de que muchas cosas, entre ellas el destino de las ayudas, no hayan tenido el resultado debido. A la larga, como siempre ocurre, los que pierden son los pueblos y el cubano no es la excepción en esta historia.

 

 


CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente.