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SOCIEDAD
Santos terroristas
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org)
- La Sección de Intereses de los Estados
Unidos (SINA) se encuentra a medio camino entre
una funeraria y el Protestódromo. Está
ahí, como simbólica alternativa
entre la muerte y el interés político
de una dictadura. A medio camino entre lo inexorable
y el tormento impuesto. La esperanza, entre el
descanso eterno y el mal gusto.
En La Habana, entre estos dos extremos; de lo
solemne y lo funeral por una parte y el vodevil
político por la otra, están los
inefables e infaltables americanos.
Desde la SINA muchos cubanos tratan de emigrar
de forma ordenada y segura. Aspiran vivir el resto
de sus días con libertad y abundancia.
Pero antes, serán sometidos a erogaciones
leoninas. Como suelen decir de forma irónica
algunos funcionarios cubanos de alto nivel, el
cielo cuesta, y ellos lo cobran.
El gobierno cubano diseñó una política
migratoria criminal y abusiva. Las medidas que
se toman contra los que tratan de emigrar a los
Estados Unidos recorren una distancia que marca
un extremo en la humillación y el otro
en el pillaje. Frente a esto vale todo, hasta
lo milagroso.
Inexplicablemente, el gobierno cubano ha tenido
éxito en convertir en sus cómplices
involuntarios a los estadounidenses. La amenaza
latente de otro éxodo masivo sirvió
y sirve para eso. Lo que cuesta trabajo interiorizar
es que mientras exista régimen totalitario
en Cuba, siempre existirá la posibilidad
de un éxodo masivo. Así de sencillo.
El primero de estos eventos sucedió en
1965 desde Camarioca en la provincia Matanzas.
El segundo se produjo desde Mariel en 1980. El
tercero, (tuvo secuelas) fue en 1994. Las tuvo,
porque entre otras cosas, creó una entelequia
absurda. Fue una muy conveniente premisa para
los intereses del régimen cubano. Esta
es la controvertida política de los "pies
húmedos y los pies secos".
La SINA y los funcionarios que en ella trabajan,
son quizás los diplomáticos más
acosados del mundo. Aunque el acoso sea light,
son depositarios de todos los humanos errores
de la política exterior norteamericana
hacia Cuba. En ocasiones, deberán convertirse
en genios de la ambigüedad. Esto se hará
necesario para llevar adelante (de forma regular
con éxito parcial) la ejecución
de medidas y normativas que se encuentran muy
lejos de solucionar las contradicciones derivadas
de la atmósfera hostil en que deben trabajar.
Las medidas derivadas de la guerra global contra
el terrorismo representan problemas adicionales
para su aplicación en La Habana. Por esto,
recientemente sonó la alarma de ataque
biológico en la SINA. Uno entre tantos
desesperanzados a los que SINA recibe a diario,
presentó su pasaporte a la funcionaria
consular que debió procesar su aplicación.
El peticionario sopló o suspiró
sobre el documento. Entonces, los polvos 'mágicos'
preparados para la ocasión por brujos de
Guanabacoa, o quizás de Santiago de Las
Vegas, entraron en acción. La funcionaria
estornudó y sintió que sus ojos
lagrimearon, y de inmediato hizo sonar la alarma.
La disciplina y la eficiencia anglosajona se
hicieron sentir. En escasos minutos el local fue
evacuado y la amenaza conjurada. Pero aun así,
la labor de la SINA se vio interrumpida. Muchas
personas ajenas a los hechos se vieron afectadas.
Los brujos se equivocaron en las proporciones
de la fórmula o conjuraron santos terroristas.
El caso es que con sus esperanzas de una vida
mejor rotas, el peticionario vio las puertas del
cielo cerradas.
Me precio de conocer bien mi país, quizás
por esto, más allá del carácter
humorístico o no del incidente, le concedí
un poco más de tiempo al análisis.
Esto lo hice para poder realizar unas cuantas
consultas por aquí y por allá.
Para comenzar diré que los brujos de Cuba
(los mentados) conocen muy bien el herbario nacional.
Saben de cada palo, cada hoja y cada raíz
que emplean.
Me dijeron: "Es improbable que el 'masango'
que se prepara para una 'pira', dañe al
'yuma': No 'pue' ser". Así aclararon
y agregaron: "A no ser que, el brujo raye
'pica pica', 'guao' o cualquier otra yerba despingante,
que las hay, y mande soplar arriba del yuma".
Si el margen de error por parte del brujo es
mínimo, las dos conclusiones que se imponen
son: El peticionario fue víctima de su
desesperanza, de la mala fe de un brujo, o quizás
de la guerra fría o chanchullera que libra
el régimen de Fidel Castro contra los Estados
Unidos. La otra alternativa es que alguien con
autoridad, grados y avales concedidos por el Diablo,
le pidió algún favorcito al brujo
de marras
Ignoro toda la verdad detrás del incidente,
pero de lo que no me cabe duda, es que en Cuba
los santos no son terroristas. También
sé que al igual que el pueblo por el que
velan, a ellos (a los brujos) también 'les
gustan los yumas'.
jgonzafeb@yahoo.com
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