PRENSA INTERNACIONAL
Sept. 27, 2007

Crisis económica pudo beneficiar la salud de los cubanos por pérdida de peso, asegura estudio

Yahoo! News.

Washington, 26 sep (EFE).- La pérdida de peso motivada por las condiciones de vida durante la crisis económica cubana de 1989 a 2000 pudo ser beneficiosa para la salud de los pobladores de la isla, según un estudio publicado en la web del American Journal of Epidemiology.

Los autores de la investigación, de la Universidad Johns Hopkins y con la colaboración de la de Cienfuegos (Cuba), la de Loyola (Chicago) y la de Michigan, difundieron hoy los resultados de un estudio que próximamente saldrá en la versión impresa de esta revista científica.

Según el principal investigador del estudio, el médico y epidemiólogo español Manuel Franco, durante el período de mayor crisis económica en Cuba (1901-95) todos sus habitantes habían perdido peso disminuyendo a la mitad la prevalencia de obesidad.

En los años 1997-2002 las tasas de mortalidad sufrieron una gran disminución: mortalidad por diabetes (51%), enfermedad coronaria (35%) y la enfermedad isquémica cerebral (20%).

"No se trata sólo de una disminución de peso de una parte de la población sino que la pérdida de peso afectó a toda la isla", dijo a Efe Franco, de la prestigiosa Escuela de Salud Publica de la Universidad Johns Hopkins, ya que la prevalencia de obesidad descendió del 14 al 7 por ciento entre 1991 y 1995.

"Todos en Cuba bajaron de peso", añadió el investigador que conoció bien la crisis en la isla durante su primera estancia en 1994.

El exceso de peso constituye un riesgo para la salud por todas las enfermedades que puede llevar asociadas como la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardíacas coronarias y las isquemias cerebrales.

Tras las investigaciones realizadas en base a numerosas estadísticas recogidas en Cuba durante este período de tiempo, los estudiosos concluyeron que algunas de las consecuencias de la crisis, tales como la disminución de la ingesta calórica, el aumento de ejercicio físico, un menor consumo de tabaco y la consecuente pérdida de peso generalizada, fueron claves en un descenso de la tasa de mortalidad de la isla.

"No se podría destacar ninguno de estos factores como más importante que el resto porque está claro que todos en conjunto jugaron un importante papel", explicó a Efe otro español coautor del estudio, José A. Tapia Granados, de la Universidad de Michigan.

El experimento, "nacido de circunstancias desafortunadas", mostró cómo en Cuba se registró una caída en la cantidad de calorías disponibles por habitante desde finales de los 80 hasta 1995 (de 2.899 kilocalorías en 1988 a 1.863 en 1993).

Ante la imposibilidad de encontrar combustible para sus vehículos, que importaban de la Unión Soviética hasta su caída en 1991, los cubanos tuvieron que movilizarse a pie o en bicicleta, ya que tampoco funcionaba el transporte público.

Además, el consumo anual per cápita de tabaco también se redujo de 2.200 cigarrillos en 1980 a 1.200 en 1997.

Sin embargo, no todo en la crisis fueron buenas noticias para la salud.

Un brote de neuropatía óptica, posiblemente causada por una nutrición inadecuada, ocurrió durante la crisis económica.

Además, se registró un leve aumento de la tasa de mortalidad infantil y en la de ancianos.

"La tasa de mortalidad es el mejor indicador de mala salud", dijo Tapia.

"En conjunto, la mortalidad en Cuba actualmente está mucho más unida a enfermedades cardiovasculares que a problemas nutricionales", así que las consecuencias de la crisis fueron más beneficiosas que perjudiciales para la salud, añadió el investigador.

Con el precedente cubano surge la cuestión de si se podría utilizar alguno de los factores que intervinieron en la mejora de la salud de la isla en otros países en los que la obesidad es un problema grave, como España y EE.UU.

"Para poder observar efectos positivos como en Cuba, tendrían que tomarse medidas que, sin afectar la suficiencia alimenticia, ayudaran a reducir la ingesta calórica y a aumentar la actividad física en toda la población", apuntó Franco.

El investigador explicó que en EE.UU. las acciones de salud tienden a centrarse en una parte de la población: individuos con obesidad, diabetes o hipertensión para tratar de reducir su riesgo cardiovascular.

"El estudio demuestra que estas acciones quizá son erróneas desde el punto de vista de salud pública. De esa manera, vas a curar a la gente que ya está afectada, pero no vas a prevenir que la enfermedad siga aumentando", concluyó.

 

 



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