PRENSA INDEPENDIENTE
Sept. 27, 2007

SOCIEDAD
Embajadores

Aleaga Pesant

LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org) - Fueron jóvenes entusiastas y apoyaron a la "dictadura del proletariado" desde sus inicios. Creyeron el sueño del "hombre nuevo" y se sintieron los elegidos. Estuvieron como combatientes en Bahía de Cochinos, en la guerra civil contra los campesinos en Guamuhaya, Sierra del Escambray. Sudaron la camisa en el Cordón de la Habana y en la Zafra del 70. Algunos hasta combatieron en el cuerpo expedicionario africano. Luego hicieron el largo camino burocrático del servicio exterior, primero como funcionarios de bajo nivel, hasta que con el paso del tiempo llegaron a ser embajadores. Fueron comedidos y protocolarios; su función fue defender al gobierno en el escenario internacional, a veces en Delhi, otras en Paris, Ginebra o Lusaka.

Vistieron de safari, gafas Ray Ban y calzaban Florsheim. Admiraban a los mellizos La Guardia, a Ulises Estrada y a Piñeiro; amplificaban las historias de estos James Bond tropicales y se volvían parte de ellas; pero en las fotos que guardan aparecen al lado del Comandante o del General.

A mediados de los ochenta les asignaron un apartamento de microbrigada en el Vedado, Alamar o San Agustín; un pequeño auto soviético que algunos mantienen y con los que los mas pragmáticos botean hoy en las calles de La Habana.

Sin darse cuenta fueron quedando solos, no entendían lo que pasaba, pero mantenían su fidelidad al régimen. Hicieron carrera universitaria, la mayoría en Derecho, Economía o Historia, casi todos en la Universidad de la Habana o en la Escuela Superior del Partido Comunista.

Un día fueron desplazados o pensionados, dejaron de trabajar para el sistema al que entregaron su vida, capacidad y conocimientos; aunque ahora, como Saturno, los había devorado. A partir de ese momento supieron en carne propia la miseria del pueblo cubano, pobreza que no vieron porque durante la Zafra de los 10 millones, estaban en Portugal o Argel; durante el quinquenio gris, estaban en Moscú, Dar es Salam o Ciudad México; en el momento más critico del periodo especial (1991-96) estaban en Berlín, El Cairo o Buenos Aires.

Ellos, que nunca supieron de ómnibus urbanos, ahora conocen de "camellos", y se sientan a rumiar sus recuerdos mientras hacen la cola de un comedor obrero que les dará algo. Con diez dólares como pensión, es poco lo que se puede hacer. Por eso van mal vestidos, con algún viejo safari o guayabera, en ruinas y sin afeitar.

Un senil sindicato de retirados del Ministerio de Relaciones Exteriores, conformado por algunos de los que se encuentran mejor de salud y mente, organizado cuando Roberto Robaina era Canciller, como forma de socorrer a los que una vez ocuparon tan importantes responsabilidades, perdió el apoyo del actual ministro, Felipe Pérez; aunque después de un largo camino de desencuentros y desaires, el pasado año no llegaron a recibir una "jabita", contenedora de un par de libras de jamonada y queso, suficiente para dar un poco de aire al desvalido.


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