PRENSA INDEPENDIENTE
Sept. 27, 2007

POLITICA
Muchas reflexiones y nada en el refectorio

Leonel Alberto Pérez Belette

LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org) - Vivir en La Habana o andar de paso por ella en estos días, y ser alérgico al gluten, es un gran problema. El excesivo aumento en la proporción de soya en los alimentos comercializados por el estado, se ha convertido en un asunto serio. Muchos habaneros se preguntan por qué este fenómeno ocurre a la par que el gobierno anuncia cierta mejoría en algunos rubros económicos.

"No entiendo por qué los envases traen cada día menos leche, o yogurt" -dijo una ama de casa mientras compraba el producto normado destinado al consumo de infantes y ancianos. Y, aunque esta escena específica ocurrió en la lechería de Línea y 4, en el barrio en El Vedado, lo mismo ocurre diariamente en los comercios de la ciudad. El problema también afecta al mercado de venta en divisas.

Esto no se limita sólo a los productos lácteos, también ocurre con los cárnicos, los cuales, además del exceso de soya suelen contener otros adulterantes, como el agua.

Paradójicamente, los medios de comunicación difunden las bondades de la distribución de la leche y otros productos, y resaltan el trabajo del campesino autorizado a vender lo que produce. Tales imágenes tienden a confundir, porque el experimento sólo funciona en las áreas rurales. Además, la factibilidad de este sistema no es un logro de la revolución, como predica la prensa. Ni lo inventó el señor Raúl Castro, ni es un fenómeno nuevo; es algo que existe desde el inicio de las relaciones de intercambio en las sociedades primitivas.

Francisco, un viejo economista, dijo a este reportero: "La carencia de carnes, productos del agro y pescado se debe al mal diseño económico del sistema socialista que todo lo prohíbe. Además, a esto contribuye la centralización, la burocracia y la inexistencia de la propiedad privada sobre la tierra".

El colmo del absurdo sistema económico cubano es que se vanagloria de supuestos logros en medio de su ineptitud. Recientemente, el gobierno ha convocado a un congreso para asesorar a los campesinos de otras naciones sobre el desarrollo agropecuario de Cuba.

La soya, en proporciones aceptables, es ampliamente utilizada en el mundo. Sus bondades nutritivas nadie las niega. Contiene numerosas proteínas, altamente valoradas para el buen funcionamiento del organismo. Por otro lado, también existe una norma internacional para su tratamiento y consumo. En desproporción puede acarrear problemas de salud. Algo similar ocurre con otros productos que se usan de forma industrial para ampliar o enriquecer los comestibles; por ejemplo, la harina y la fécula de maíz, entre otros.

Nadie puede determinar, según el criterio de algunos consumidores, cuánta soya tiene el picadillo que se vende. "Soy de buen apetito -dijo una señora- y no padezco de enfermedades estomacales, pero basta que coma ese picadillo, como quiera que lo cocinen, para que mi estomago se revuelva. No es algo que me pase solamente a mi, igualmente le ocurre a mis vecinos y conocidos, que se quejan de lo mismo".


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