|
POLITICA
Muchas reflexiones y nada en el refectorio
Leonel Alberto Pérez Belette
LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org)
- Vivir en La Habana o andar de paso por ella
en estos días, y ser alérgico al
gluten, es un gran problema. El excesivo aumento
en la proporción de soya en los alimentos
comercializados por el estado, se ha convertido
en un asunto serio. Muchos habaneros se preguntan
por qué este fenómeno ocurre a la
par que el gobierno anuncia cierta mejoría
en algunos rubros económicos.
"No entiendo por qué los envases
traen cada día menos leche, o yogurt"
-dijo una ama de casa mientras compraba el producto
normado destinado al consumo de infantes y ancianos.
Y, aunque esta escena específica ocurrió
en la lechería de Línea y 4, en
el barrio en El Vedado, lo mismo ocurre diariamente
en los comercios de la ciudad. El problema también
afecta al mercado de venta en divisas.
Esto no se limita sólo a los productos
lácteos, también ocurre con los
cárnicos, los cuales, además del
exceso de soya suelen contener otros adulterantes,
como el agua.
Paradójicamente, los medios de comunicación
difunden las bondades de la distribución
de la leche y otros productos, y resaltan el trabajo
del campesino autorizado a vender lo que produce.
Tales imágenes tienden a confundir, porque
el experimento sólo funciona en las áreas
rurales. Además, la factibilidad de este
sistema no es un logro de la revolución,
como predica la prensa. Ni lo inventó el
señor Raúl Castro, ni es un fenómeno
nuevo; es algo que existe desde el inicio de las
relaciones de intercambio en las sociedades primitivas.
Francisco, un viejo economista, dijo a este reportero:
"La carencia de carnes, productos del agro
y pescado se debe al mal diseño económico
del sistema socialista que todo lo prohíbe.
Además, a esto contribuye la centralización,
la burocracia y la inexistencia de la propiedad
privada sobre la tierra".
El colmo del absurdo sistema económico
cubano es que se vanagloria de supuestos logros
en medio de su ineptitud. Recientemente, el gobierno
ha convocado a un congreso para asesorar a los
campesinos de otras naciones sobre el desarrollo
agropecuario de Cuba.
La soya, en proporciones aceptables, es ampliamente
utilizada en el mundo. Sus bondades nutritivas
nadie las niega. Contiene numerosas proteínas,
altamente valoradas para el buen funcionamiento
del organismo. Por otro lado, también existe
una norma internacional para su tratamiento y
consumo. En desproporción puede acarrear
problemas de salud. Algo similar ocurre con otros
productos que se usan de forma industrial para
ampliar o enriquecer los comestibles; por ejemplo,
la harina y la fécula de maíz, entre
otros.
Nadie puede determinar, según el criterio
de algunos consumidores, cuánta soya tiene
el picadillo que se vende. "Soy de buen apetito
-dijo una señora- y no padezco de enfermedades
estomacales, pero basta que coma ese picadillo,
como quiera que lo cocinen, para que mi estomago
se revuelva. No es algo que me pase solamente
a mi, igualmente le ocurre a mis vecinos y conocidos,
que se quejan de lo mismo".
|