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Manual
del rebaño
Raúl Rivero, El
Mundo, 26 de septiembre de 2007.
En las dictaduras totalitarias los cuerpos armados
disponen de un tercer pulmón. Destacamentos
que trabajan cubiertos bajo el sayón de
otro ministerio y en peligrosa proximidad con
la familia en las bases de la sociedad. Son los
maestros. Una avanzada de la ideología
que va a las escuelas elementales y secundarias
a promover la idolatría por los líderes
políticos y a cosechar la mansedumbre.
La historia del socialismo real enseña
que su peor enemigo potencial es la educación
en libertad de las nuevas generaciones de ciudadanos.
Por lo tanto, la guerra contra la educación
privada y el control sobre la literatura para
niños y jóvenes se realizan con
precisión y disciplina militar.
Primero, un despliegue de inspectores para descalificar
la educación que se imparte en los colegios
privados. Después, la nacionalización
de los inmuebles y medios de enseñanza
y la expulsión del sistema de los maestros
que no acepten las nuevas directrices de trabajo.
Se produce también, en esas circunstancias,
a menor escala, la asimilación de quienes
accedan -por decisión propia o por presiones
económicas- a borrarse de las nóminas
de educadores para convertirse en asociados dóciles
de los estafadores.
Así es. En un armónico montaje
paralelo, en otras bandas de la vida pública
se han confiscado las imprentas y comienzan a
descender directamente hacia la niñez y
su candor, los nuevos textos terciados como dicen
que suelen ser esos árboles del proverbio
que porque nacen de una semilla manera artificial
y desnaturalizada jamás su tronco enderezan.
Se crean asignaturas. Por ejemplo, Historia política
de mi país. Ahí, los verdaderos
próceres y fundadores de las naciones,
con siglos de retórica vacía y neblina
sobre sus cabezas, pasan a ser unos tipos densos
y pasados de moda. Gente que apenas ayudaron en
los inicios para que los verdaderos salvadores
de la patria puedan entregarse ahora a trabajar
por la libertad y el bienestar. Parece banal,
pero lo es. Como también, desde otras perspectivas,
parece imposible y es una realidad que se puede
ver y tocar. En Venezuela ya están listos
los manuales para ayudar a la formación
de lo que el gobierno denomina nuevo ciudadano.
Y llegan aviones a todas horas con refuerzos de
contingentes de maestros de emergencia preparados
en Cuba.
Se trata de la invasión de una tropa que
no usa pistolas visibles. Unos soldados con gorras
de pelotero y ansiedad por el chicle que ponen
debajo de los pupitres una carga de reacción
tardía para tratar de matar la rebeldía
por adelantado. Para los dictadores es tan importante
un ejército como el otro. Fidel Castro
nombró a su hermano jefe de las Fuerzas
Armadas. Hugo Chávez al suyo, ministro
de Educación.
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