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Entrevista
con el vampiro
Miguel Cossio, El Nuevo Herald,
25 de septiembre de 2007.
Lo único que me llamó la atención
del último monólogo televisado de
Fidel Castro fue que, al parecer, no le afecta
la luz de sol.
Se supone que un hombre al que le cambiaron toda
la sangre, como Hugo Chávez confesó,
sea un rehén dócil de los médicos
y viva bajo un régimen de rigor, alejado
de las candilejas públicas y las candentes
lámparas de televisión.
Pero al comandante le irrita mucho que lo llamen
cadáver político. El quiere seguir
en el ajo, aferrado al poder a como dé
lugar. Por eso salió de su encierro cuántico,
para acallar rumores y decirnos ''aquí
estoy'', no he muerto, nadie me va a sacar del
juego y voy a postularme otra vez.
Cuando escucho a Raúl Castro sugerir que
su hermano podría reaparecer en público,
pienso en la parafernalia médica y de seguridad
del acto. Imagino al doctor Luis Foyo, el secretario
de la Cruz Roja Cubana, ábaco en mano,
sacando cuentas sobre los porcentajes sanguíneos
de la población nacional.
Un adulto común carga en su cuerpo entre
4.5 y 6 litros de sangre. La sangre O positiva
o universal es la única que puede ser transfundida
a las personas de los demás tipos. La tiene
el 39 por ciento de la población mundial.
El resto se divide así: 33 por ciento de
la gente posee A positiva; 9 por ciento B positiva;
7 por ciento O negativa; 6 por ciento A negativa;
3 por ciento AB positiva; 2 por ciento B negativa;
y 1 por ciento AB negativa. Es decir, por las
venas de uno de cada cien donantes corre esta
última, dos de la anterior y así
hasta completar la lista.
El desglose hemático viene a cuento porque
Castro es un espécimen raro en este orden.
El dato se lo pasó Eli Méndez a
una amiga hace tiempo. Eli fue hermana del destacado
compositor cubano José Antonio Méndez,
ya fallecido.
Ella tenía el infrecuente y mismo grupo
sanguíneo que Fidel y, por esa condición,
era una de sus donantes en caso de emergencia.
A mediados de los años setenta, Eli vivía
prisionera de su propia sangre. Era una suerte
de vivero hemático en humano. Debía
estar localizable siempre. Ni siquiera podía
salir de La Habana sin notificar adónde
iba. Eli murió hace unos años en
Cuba a causa de dengue.
Si le creemos a Chávez, Fidel puede tener
sangre nueva. Pero su revolución padece
de leucemia crónica y ya no hay muchos
brazos de donde chupar. Prueba de ello son las
contradicciones internas mostradas por el castrismo.
Mientras Raúl Castro extiende con hipocresía
hojitas de olivo a Estados Unidos y promete tibios
cambios estructurales en la economía, Fidel
lo rechaza en sus llamadas ''reflexiones''. Mientras
los alabarderos del régimen Carlos Lage,
Ricardo Alarcón, Abel Prieto y Felipe Pérez
publicitan la supuesta mejoría del comandante,
Mariela Castro, la sobrina del dictador, dice
a EFE que la posibilidad de perder a su tío
está cada vez más cerca.
Los vampiros elegían a sus víctimas
por la calidad de su sangre, en busca de la inmortalidad.
De nada le sirven a Castro litros frescos de plasma
y glóbulos rojos. Por mucho que cite a
Newton y a Einstein, por más fotos que
se tome y más entrevistas que conceda a
Randy Alonso, nada cambiará su destino.
Aunque él insista en postularse al parlamento.
Su hijo favorito, Antonio Castro, ortopédico
de profesión, dijo a la corresponsal de
CBS Ann Louise Bardach que Fidel no se recuperará
de la enfermedad que lo sacó del juego
hace catorce meses.
En su nuevo libro, Sin Fidel, Bardach asegura
que Castro cedió el poder de manera permanente
a su hermano Raúl, y no temporalmente como
afirman las autoridades cubanas. Sea cierto o
no, se necesitarán dos afiladas estacas
políticas, en forma de cruz, y no una,
para acabar con los monólogos de este par
de vampiros.
Dtor. Edit. y de Noticias América TeVe
Canal 41
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