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Un
camino para andar
Oscar Peña, El Nuevo Herald,
26 de septiembre de 2007.
En todos los centros de trabajo y de estudio
de Cuba se está estudiando y debatiendo
el discurso de Raúl Castro del pasado 26
de julio. No es un estilo nuevo. Se ha hecho permanentemente
con los de Fidel Castro desde hace mas de 45 años.
Hoy lo irregular y novedoso es el contenido del
discurso del nuevo gobernante con su llamado a
hacer cambios estructurales y a abandonar dañinas
y viejas concepciones. Es de las pocas oportunidades
cubanas que no hay que sacarles las palabras a
los asistentes. Brotan solas. Las asambleas son
un formulismo político-burocrático
que podría hasta obviarse porque el grito
y deseo de apertura económica es viejo,
nacional y permanente. Los cambios y reformas
tienen el apoyo de todos en Cuba.
Aunque no se ha precisado el sector de los cambios,
no es difícil inferir que se dirigen de
inicio al sector económico. Del lobo, unos
pelos. Soy de la opinión de que las medidas
ya están pensadas y elaboradas de alguna
manera. Estaban guardadas en la última
gaveta del buró de Fidel Castro desde hace
décadas. Desde dentro y desde fuera hemos
sido muchos los cubanos y los extranjeros que
hemos abogado por que se permitan las pequeñas
y medianas empresas privadas, las cooperativas,
etc. Que se abran las puertas y ventanas de Cuba
para que entre el aire de la prosperidad, la productividad
y la libertad. Levantar el verdadero embargo.
Ese candado y firme freno que ha tenido puesto
el régimen de Cuba a la apertura del país
se puede catalogar de crimen nacional. Dan ganas
de llorar observar a millones de laboriosos e
ingeniosos hijos de Cuba huyendo a otros países
a obsequiar su capacidad, inteligencia y esfuerzos
por no permitírseles en el de ellos. Somos
un pueblo millonario en capital humano.
¿Recuerdan los cubanos a Vietnam del Norte?
Aquel pobre país que simbolizaba Ho Chi
Minh y que Fidel Castro le quitaba recursos al
pueblo de Cuba para enviarlos allá? Aquella
consigna de solidaridad con el pueblo vietnamita
fue la orden del día por mucho tiempo en
Cuba. Pues conozcan. Ese país hoy tiene
una de las economías de más rápido
crecimiento en el mundo, un logro sorprendente
para un territorio que hace apenas unos años
estaba sumido en la pobreza y la crisis. Hoy los
jóvenes vietnamitas conocen con mucha pena
cómo era la vida racionada de sus padres
y abuelos bajo el sistema comunista de hace unos
años. De la completa pobreza y vida gris
pasada, los vietnamitas en estos tiempos tienen
deseos de vivir y triunfar. Es un país
distinto.
Los cambios empezaron en Vietnam hace dos décadas
cuando murió el líder comunista
extremista. Se necesitaba un cambio en las políticas
cerradas. Hoy en Vietnam no hay respeto a aquellos
dirigentes intransigentes. En las calles de Hanoi
es difícil creer que una vez la gente hizo
colas para adquirir alimentos. El país
sólo suma logros en la reducción
de la pobreza. En las calles de Vietnam del Norte
es difícil entender si ése país
es todavía un estado comunista.
¿Cuál es el panorama hoy de ese
país? El Partido Comunista detenta el poder,
pero la población de Vietnam, aún
limitada, disfruta de las ventajas de la liberalización
económica y los cambios se suceden con
rapidez. Y al régimen vietnamita le queda
por demostrar si puede responder a las nuevas
necesidades impuestas por una sociedad cada vez
más abierta. Hasta los dirigentes políticos
de ese país están asombrados con
la evolución. No les pesa haber votado
la cerradura que quitaron.
Como muy bien expone siempre mi colega de Consenso
Cubano José Ignacio Rasco: ''En política,
el todo o nada no funciona''. Tiene mucha razón.
No es posición de inteligentes. También
podríamos agregar que para que los ciudadanos
de cualquier lugar del mundo piensen en libertades
políticas, quizás primero deban
comer, vestirse y tener un techo adecuado.
¿Qué le pasa al sentido común
de algunos cubanos de Miami que no saben ser efectivos
hacia la sociedad cubana y no ven caminos? Ellos
se hacen al andar, no se prefabrican. Entre todos
podemos ir corriendo la cerca.
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