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HISTORIA
Probado el gran crimen de Lenin
Tania Díaz Castro
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Los
aficionados del comunismo jamás hablan
de aquel horrible crimen ocurrido en la calle
Voznesenski, de la ciudad rusa de Ekaterimburgo,
contra una familia prisionera, compuesta de adultos,
niños, sirvientas y animales domésticos,
ordenado por Vladímir Ilich Ulyanov, alias
Lenin.
En la medianoche del 17 de julio de 1918 fueron
despertados bruscamente Nicolás, el último
zar de Rusia, su esposa Alejandra, sus cuatro
hijas adolescentes Tatiana, Olga, Anastasia y
María, el pequeño zarevich Alexéi,
su perro, el doctor Botkin, médico de la
familia y tres sirvientas y llevados a una habitación
donde fueron acribillados a balazos por once individuos,
cumpliendo órdenes de Yakov Yurovski, hombre
de confianza de Lenin. Fueron enterrados esa noche
en las afueras de Ekaterimburgo.
Los restos de varios miembros de la familia se
encontraron en 1979 gracias a un grupo de arqueólogos,
quienes por temor a represalias de la KGB, los
enterraron de nuevo en el mismo lugar. En 1991,
el entonces presidente ruso Boris Yeltsin pidió
que se exhumaran los restos. Especialistas del
mundo entero participaron en su identificación
y se sepultaran en el panteón de los Romanov,
en la fortaleza de San Pedro y San Pablo, en San
Petersburgo. En aquella ocasión no se habían
encontrado los huesos del zarevich y de su hermana
menor María.
Posteriormente, la Iglesia Ortodoxa rusa canonizó
a todos los miembros de la familia real, en virtud
de su resignación ante la muerte y el destacado
historiador moscovita Eduard Radzinski ha dicho
públicamente que los rusos deben saldar
sus cuentas con el pasado enterrando también
a Lenin. "Sólo entonces, dijo, podremos
desarrollarnos como una sociedad normal ".
En julio de este año otro grupo de arqueólogos
rusos, dirigidos por el experto Sergei Pogoriélov,
aseguran haber hallado en la carretera conocida
como Koptiakí, en Ekaterimburgo, las osamentas
del niño y de la gran duquesa María,
los dos miembros de la familia real que faltaban
por hallar. A pesar de su descomposición,
porque los propios asesinos enviados por Lenin
usaron ácido sulfúrico con el propósito
de desfigurar los cadáveres, el responsable
del departamento de investigaciones forenses y
criminología de Ekaterimburgo y el resto
de los arqueólogos afirman que no existen
dudas de su identidad.
Para encontrar los restos del zarevich y de María
el arqueólogo Pogoriélov utilizó
las memorias del verdugo Yakov Yurovski, desclasificadas
hacía poco como documento secreto del Kremlin,
y para su sorpresa descubrió que dichas
memorias ya habían sido utilizadas en 1979
para encontrar los restos de una parte de la familia
Romanov.
Transcurrido el tiempo, descubierto y encontrada
la prueba de aquel gran crimen de Lenin, cualquiera
puede preguntarse qué razones tuvo el fundador
del estado que luego se llamó Unión
Soviética, para ordenar tan cruel y terrible
asesinato. ¿Es que se sentía inseguro
de haber derrocado a la monarquía de su
país? ¿Dudaba acaso de la fuerza
del proletariado ruso? ¿No tenía
fe en las masas?
¿En los mismos momentos en que aquel hombre
vaticinaba que pronto ocurriría la victoria
del comunismo en todo el mundo, dudaba realmente
de la victoria de su Revolución?
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