PRENSA INDEPENDIENTE
Sept. 24, 2007

HISTORIA
Probado el gran crimen de Lenin

Tania Díaz Castro

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Los aficionados del comunismo jamás hablan de aquel horrible crimen ocurrido en la calle Voznesenski, de la ciudad rusa de Ekaterimburgo, contra una familia prisionera, compuesta de adultos, niños, sirvientas y animales domésticos, ordenado por Vladímir Ilich Ulyanov, alias Lenin.

En la medianoche del 17 de julio de 1918 fueron despertados bruscamente Nicolás, el último zar de Rusia, su esposa Alejandra, sus cuatro hijas adolescentes Tatiana, Olga, Anastasia y María, el pequeño zarevich Alexéi, su perro, el doctor Botkin, médico de la familia y tres sirvientas y llevados a una habitación donde fueron acribillados a balazos por once individuos, cumpliendo órdenes de Yakov Yurovski, hombre de confianza de Lenin. Fueron enterrados esa noche en las afueras de Ekaterimburgo.

Los restos de varios miembros de la familia se encontraron en 1979 gracias a un grupo de arqueólogos, quienes por temor a represalias de la KGB, los enterraron de nuevo en el mismo lugar. En 1991, el entonces presidente ruso Boris Yeltsin pidió que se exhumaran los restos. Especialistas del mundo entero participaron en su identificación y se sepultaran en el panteón de los Romanov, en la fortaleza de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo. En aquella ocasión no se habían encontrado los huesos del zarevich y de su hermana menor María.

Posteriormente, la Iglesia Ortodoxa rusa canonizó a todos los miembros de la familia real, en virtud de su resignación ante la muerte y el destacado historiador moscovita Eduard Radzinski ha dicho públicamente que los rusos deben saldar sus cuentas con el pasado enterrando también a Lenin. "Sólo entonces, dijo, podremos desarrollarnos como una sociedad normal ".

En julio de este año otro grupo de arqueólogos rusos, dirigidos por el experto Sergei Pogoriélov, aseguran haber hallado en la carretera conocida como Koptiakí, en Ekaterimburgo, las osamentas del niño y de la gran duquesa María, los dos miembros de la familia real que faltaban por hallar. A pesar de su descomposición, porque los propios asesinos enviados por Lenin usaron ácido sulfúrico con el propósito de desfigurar los cadáveres, el responsable del departamento de investigaciones forenses y criminología de Ekaterimburgo y el resto de los arqueólogos afirman que no existen dudas de su identidad.

Para encontrar los restos del zarevich y de María el arqueólogo Pogoriélov utilizó las memorias del verdugo Yakov Yurovski, desclasificadas hacía poco como documento secreto del Kremlin, y para su sorpresa descubrió que dichas memorias ya habían sido utilizadas en 1979 para encontrar los restos de una parte de la familia Romanov.

Transcurrido el tiempo, descubierto y encontrada la prueba de aquel gran crimen de Lenin, cualquiera puede preguntarse qué razones tuvo el fundador del estado que luego se llamó Unión Soviética, para ordenar tan cruel y terrible asesinato. ¿Es que se sentía inseguro de haber derrocado a la monarquía de su país? ¿Dudaba acaso de la fuerza del proletariado ruso? ¿No tenía fe en las masas?

¿En los mismos momentos en que aquel hombre vaticinaba que pronto ocurriría la victoria del comunismo en todo el mundo, dudaba realmente de la victoria de su Revolución?


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