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DISIDENCIA
Opositores y disidentes
Luis Cino
LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org)
- La prensa extranjera acreditada en Cuba gusta
repetir que la oposición cubana "está
fragmentada", "penetrada por la Seguridad
del Estado", que "es poco conocida y
no tiene mucho arraigo entre la población".
Fueron los clichés que volvieron a usar
para referirse a la creación de la Unidad
Liberal Cubana, la concertación de más
de una decena de movimientos opositores que se
definen como liberales.
No importó que en la conferencia de prensa
que tuvo lugar el día 5 de septiembre,
en su apartamento de El Vedado, Héctor
Palacios, uno de los nueve coordinadores nacionales
de la organización, negara que la oposición
cubana esté dividida. "No es monolítica
como el gobierno", explicó, "hay
liberales, demócrata cristianos y social
demócratas, así estamos bien".
En los párrafos finales de sus reportes,
varios corresponsales extranjeros volvieron a
comentar lo que ya es una letanía: que
la oposición está fragmentada, infiltrada
por agentes de inteligencia del gobierno, etc.
Después de todo, algunas de las señales
que reciben estos periodistas confirman sus prejuicios
y aprensiones.
Apenas una semana antes, otros grupos también
denominados liberales y una facción del
Partido Solidaridad Democrática, fundaron
en La Habana una Convergencia Liberal.
Al respecto, Palacios comentó: "No
vamos a juzgar ni a decir cosas hirientes porque
sabemos que la policía hace muchas cosas
esta
es la unión de los liberales, no hay otra".
Palacios afirmó que los liberales seguirán
en Todos Unidos y que respaldarán los programas
de los grupos pro democracia dentro de Cuba.
Por estos días, Héctor Palacios
está sometido al fuego de la artillería
de parte del sector más duro del exilio.
Junto a Oswaldo Payá, Vladimiro Roca y
Elizardo Sánchez Santa Cruz, han convertido
a Palacios en otro de "los malos de la película".
Rebuscan en sus historias, les sacan trapos sucios
y los acusan, por su disposición a un eventual
diálogo con el gobierno, de ser "disidentes
de bajas expectativas".
Ahora, ciertos intransigentes se dedican a delimitar
fronteras entre los términos "opositores"
y "disidentes". La confusión
de lenguas va resultando ser otra secuela del
medio siglo de totalitarismo.
Para los duros, ser disidente es un pecado, una
abominación. Es conformarse con "pedir
del lobo, un pelo".
Consideran que el lobo, con sarna, perdió
los colmillos y está ansioso por quedarse
calvo. Presto, sin disparar un tiro, a ceder el
trono al primero que se lo pida.
Parece ser que, según ellos, un opositor
debe ineludiblemente apoyar el embargo norteamericano,
abogar por la Constitución del 40, y rechazar
de plano cualquier tipo de diálogo futuro
con los comunistas, a menos que sea en un tribunal
como el de Nuremberg.
Pero la más importante de todas las cualidades
que exigen a un opositor es que esté en
la cárcel, preferiblemente en una celda
de castigo.
En su concepción de la oposición
vista como un matadero, niegan credibilidad al
que todavía no está en prisión.
En su ara, siempre faltan víctimas para
el sacrificio. Claro, el sacrificio ajeno. Ellos
ponen los discursos.
No confían en los que salieron enfermos
de las cárceles con licencias extra penales
y pueden volver a ellas en cualquier momento.
Como Héctor Palacios o Guillermo Fariñas.
Tampoco confían en Francisco Chaviano,
que acaba de cumplir una condena de 13 años
y preside el Consejo por los Derechos Civiles.
Desde el sillón, el carro del año
o la oficina climatizada, los ultra intransigentes
tienen expectativas altas. Tan altas que resultan,
como el cielo, inalcanzables. Por eso atacan y
teorizan.
No les queda más que lanzar ataques personales,
contar los pelos del lobo y establecer las diferencias
entre los términos "opositor"
y "disidente". En la Seguridad del Estado
saben bastante acerca del tema. Divide y vencerás,
reza la vieja e infalible máxima.
luicino2004@yahoo.com
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