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HISTORIA
La Revolución mediática (Final)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org)
- La revolución contó con la TV
desde 1959. La Caravana de la Victoria tuvo una
amplia cobertura televisiva. Las primeras imágenes
de los líderes revolucionarios fueron introducidas
en los hogares cubanos por la TV.
El discurso de Castro el 8 de enero en Columbia
llenó a la nación de símbolos
prefabricados, como el de la paloma posada en
el hombro del máximo líder.
La TV reinó sobre los demás medios.
Transmitía de forma inmediata los mensajes
revolucionarios y la radio la complementaba haciendo
llegar las informaciones a los más apartados
rincones del país.
Cuando hablaba Fidel Castro, televisores y radios
mantenían su voz ininterrumpidamente en
el aire. Al día siguiente la prensa escrita
reflejaba ampliamente sus discursos y competía
con la radio y la TV que retransmitían
lo acontecido una y otra vez. Carteles y vallas
sobredimensionaban los fragmentos más importantes
de los discursos.
Sentarse por las tardes frente al televisor
era un rito familiar en Cuba, que finalizaba con
las notas del himno nacional anunciando el fin
de la programación.
Las familias permanecían seis horas frente
a la pantalla. Todo el que tenía TV podía
contemplar los grandes sucesos del momento revolucionario
sentado cómodamente en su sillón.
La ola de "justicia revolucionaria"
con la que se estrenó el régimen
tuvo una amplia cobertura televisiva. El juicio
del coronel Sosa Blanco efectuado en el Palacio
de los Deportes fue trasmitido por televisión
a todo el país. El coronel García
Olayón fue fusilado ante las cámaras
de cine y televisión; el coronel Cornelio
Rojas corrió igual suerte y muchos otros.
Semejante morbosidad tenía como fin enviar
un mensaje claro. Las fotos y películas
de los fusilamientos fueron repartidas por todas
partes, ante la crítica de la prensa extranjera
horrorizada ente el baño de sangre y la
injustificada exhibición gráfica
de los crímenes. Fidel Castro convocó
una de sus grandes concentraciones, y miles de
cubanos lanzaron ese día el grito de paredón
en apoyo a los fusilamientos. En esas concentraciones
donde Castro pulsaba los sentimientos de la población,
probaba los efectos de su oratoria cargada de
violencia. Esas concentraciones le permitían
lanzar con habilidad su mensaje de odio, conocedor
de los efectos que tiene en la plebe la agitación
general y sistemática.
En muchos hogares la foto de Castro sustituyó
al tradicional Sagrado Corazón de Jesús
o le acompañó en las paredes de
la sala.
El fotógrafo, junto al periodista y el
ilustrador gráfico contribuyeron a formar
la imagen de la revolución.
La imagen publicitaria fue también empleada
en 1959. Anuncios de la Coca-Cola fueron utilizados
para transmitir mensajes revolucionarios. Para
vender la efigie del nuevo líder y su política
se recurrió a los anuncios habituales de
productos nacionales o extranjeros como Trinidad
y Hnos, H. Upmann, Esso, Nestlé.
Era una buena telenovela, con excelente escenografía,
dirección y fotografía, y con una
impecable dramaturgia. De los personajes, ni hablar,
encarnaban los ideales románticos de la
juventud.
Así como los revolucionarios franceses
utilizaron el periódico, el nacional socialismo
la radio, los bolcheviques las tribunas, la revolución
cubana tuvo en la TV el medio ideal para imponer
el totalitarismo en Cuba.
Los medios cubanos antes de 1959 no se limitaban
a reportar escándalos, chismes y noticias
sensacionalistas, como se quiere hacer ver hoy.
Los en la Cámara de Representantes eran
informados con detalle a la población,
y no existía un tema político, económico
o social que escapara al escrutinio de los medios.
El mismo Castro reconoce en su alegato de defensa
conocido como La Historia me Absolverá,
que en Cuba existía una prensa que era
ejemplo de libertad y transparencia.
La mayoría de esa prensa guardó
silencio ante los primeros desafueros del Comandante.
Había que darles un voto de confianza a
los hombres que habían derrotado a la tiranía
e iban a restablecer la democracia. La prensa
optó por ser delicada en el tratamiento
de los nuevos gobernantes y unos pocos órganos
criticaron lo que estaba pasando.
El secretismo comunista clasificó en
Cuba de restringidas, confidenciales o secretas
cuestiones que hasta 1959 eran del dominio público.
Castro, conocedor de las experiencias totalitarias
europeas, sabía perfectamente el papel
que jugaba el control de la información
y la propaganda en el proceso de toma y conservación
del poder. José Stalin había dicho
en 1933: "El poder de la propaganda es tan
grande que altera la percepción de la realidad".
El máximo líder aplicaría
esa sentencia con verdadera maestría.
La
Revolución mediática (I)
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