PRENSA INDEPENDIENTE
Sept. 21, 2007

HISTORIA
La Revolución mediática (Final)

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - La revolución contó con la TV desde 1959. La Caravana de la Victoria tuvo una amplia cobertura televisiva. Las primeras imágenes de los líderes revolucionarios fueron introducidas en los hogares cubanos por la TV.

El discurso de Castro el 8 de enero en Columbia llenó a la nación de símbolos prefabricados, como el de la paloma posada en el hombro del máximo líder.

La TV reinó sobre los demás medios. Transmitía de forma inmediata los mensajes revolucionarios y la radio la complementaba haciendo llegar las informaciones a los más apartados rincones del país.

Cuando hablaba Fidel Castro, televisores y radios mantenían su voz ininterrumpidamente en el aire. Al día siguiente la prensa escrita reflejaba ampliamente sus discursos y competía con la radio y la TV que retransmitían lo acontecido una y otra vez. Carteles y vallas sobredimensionaban los fragmentos más importantes de los discursos.

Sentarse por las tardes frente al televisor era un rito familiar en Cuba, que finalizaba con las notas del himno nacional anunciando el fin de la programación.

Las familias permanecían seis horas frente a la pantalla. Todo el que tenía TV podía contemplar los grandes sucesos del momento revolucionario sentado cómodamente en su sillón.

La ola de "justicia revolucionaria" con la que se estrenó el régimen tuvo una amplia cobertura televisiva. El juicio del coronel Sosa Blanco efectuado en el Palacio de los Deportes fue trasmitido por televisión a todo el país. El coronel García Olayón fue fusilado ante las cámaras de cine y televisión; el coronel Cornelio Rojas corrió igual suerte y muchos otros.

Semejante morbosidad tenía como fin enviar un mensaje claro. Las fotos y películas de los fusilamientos fueron repartidas por todas partes, ante la crítica de la prensa extranjera horrorizada ente el baño de sangre y la injustificada exhibición gráfica de los crímenes. Fidel Castro convocó una de sus grandes concentraciones, y miles de cubanos lanzaron ese día el grito de paredón en apoyo a los fusilamientos. En esas concentraciones donde Castro pulsaba los sentimientos de la población, probaba los efectos de su oratoria cargada de violencia. Esas concentraciones le permitían lanzar con habilidad su mensaje de odio, conocedor de los efectos que tiene en la plebe la agitación general y sistemática.

En muchos hogares la foto de Castro sustituyó al tradicional Sagrado Corazón de Jesús o le acompañó en las paredes de la sala.

El fotógrafo, junto al periodista y el ilustrador gráfico contribuyeron a formar la imagen de la revolución.

La imagen publicitaria fue también empleada en 1959. Anuncios de la Coca-Cola fueron utilizados para transmitir mensajes revolucionarios. Para vender la efigie del nuevo líder y su política se recurrió a los anuncios habituales de productos nacionales o extranjeros como Trinidad y Hnos, H. Upmann, Esso, Nestlé.

Era una buena telenovela, con excelente escenografía, dirección y fotografía, y con una impecable dramaturgia. De los personajes, ni hablar, encarnaban los ideales románticos de la juventud.

Así como los revolucionarios franceses utilizaron el periódico, el nacional socialismo la radio, los bolcheviques las tribunas, la revolución cubana tuvo en la TV el medio ideal para imponer el totalitarismo en Cuba.

Los medios cubanos antes de 1959 no se limitaban a reportar escándalos, chismes y noticias sensacionalistas, como se quiere hacer ver hoy. Los en la Cámara de Representantes eran informados con detalle a la población, y no existía un tema político, económico o social que escapara al escrutinio de los medios. El mismo Castro reconoce en su alegato de defensa conocido como La Historia me Absolverá, que en Cuba existía una prensa que era ejemplo de libertad y transparencia.

La mayoría de esa prensa guardó silencio ante los primeros desafueros del Comandante. Había que darles un voto de confianza a los hombres que habían derrotado a la tiranía e iban a restablecer la democracia. La prensa optó por ser delicada en el tratamiento de los nuevos gobernantes y unos pocos órganos criticaron lo que estaba pasando.

El secretismo comunista clasificó en Cuba de restringidas, confidenciales o secretas cuestiones que hasta 1959 eran del dominio público. Castro, conocedor de las experiencias totalitarias europeas, sabía perfectamente el papel que jugaba el control de la información y la propaganda en el proceso de toma y conservación del poder. José Stalin había dicho en 1933: "El poder de la propaganda es tan grande que altera la percepción de la realidad". El máximo líder aplicaría esa sentencia con verdadera maestría.

La Revolución mediática (I)


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