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Los reyes de la bazofia
José Hugo Fernández García LA HABANA, Cuba
- septiembre (www.cubanet.org) - En momentos en que los cubanos de la Isla padecen
todas las penurias y falta de esperanzas que derivan de un gobierno atroz, "Cuba"
(nombre usurpado por el régimen para denominar su sistema de poder sobre
y contra el pueblo) se dedica a hacer política a través de aparatosas
donaciones a otros países. Algunos ingenuos y muchos fariseos de
allende los mares elogian, deslumbrados, nuestro espíritu solidario y nuestra
voluntad de sacrificio. Millones de hijos infelices y abandonados de Latinoamérica
parecen no hallar (o no buscar) otro destino más que el nuestro. En tanto,
nosotros soñamos con ser libres aunque sigamos siendo pobres, nada más.
Y así va el mundo, como el carpintero loco: un martillazo sobre el clavo
y cientos sobre los dedos. Recientemente "Cuba" ha donado al
hospital de Clínicas de la Paz, el mayor y más antiguo sanatorio
de Bolivia, un Ecocardiógrafo tridimensional de diseño francés
y última tecnología, valorado en más de 300 mil dólares,
para la realización de muy sofisticadas pruebas cardiológicas y
de otro tipo. También entregó a ese hospital un moderno analizador
hematológico, totalmente automatizado, capaz de analizar en apenas una
hora hasta 120 muestras. El equipo determina de 8 a 36 parámetros primordiales
para detectar diferentes patologías y establecer un tratamiento adecuado
al paciente. Entre las últimas donaciones de este orden, sólo
en materia de equipos médicos, se cuentan 4 centros de atención
oftalmológica entregados a Honduras. Así como un centro de diagnóstico
y una unidad de cuidados intensivos, a Dominica, equipamientos que modernizan
los servicios médicos y evitan los traslados de pacientes hacia estados
vecinos del Caribe. Son apenas dos o tres datos extraídos al azar
entre muchos, demasiados, que fluyen en torrente imparable, con sospechosa insistencia
para cualquiera que esté dispuesto a mirarlos con ojo racional y honrado.
Todavía más para quienes conocen, aunque sea parcialmente (y aun
cuando no lo sufran), el desastre que tiene lugar ahora mismo dentro de nuestras
fronteras. Por ejemplo, en el hospital habanero Calixto García,
también uno de los mayores y más ilustres de Cuba, podría
ser tomado como referencia (casi al azar, entre otros muchos) el pabellón
Fortum, de Cirugía, destinado a pacientes con politraumatismos y que han
sido sometidos a operaciones de urgencia quirúrgica. Allí no hay
agua corriente, sólo en algunas horas del día, cuando los acompañantes
de los enfermos deben aprovechar para acumularla en un tanque sin las condiciones
mínimas de higiene, o en recipientes que llevan desde sus casas, para luego
destinarla a los más diversos usos, desde la descarga del inodoro hasta
el aseo personal de los enfermos. Tampoco hay ropa de cama. Los familiares
tienen que cubrir por su cuenta esta necesidad. Igualmente, deben llevar ventiladores
eléctricos que propicien al enfermo un alivio de ventilación dentro
de aquella asfixiante y contaminada atmósfera. Las camas fowler
del pabellón están rotas, asunto grave si se tiene presente el estado
físico de sus ocupantes. También están rotas en su generalidad
las ventanas del local. La comida (para los enfermos, claro) es como rancho de
barco negrero. No hay más agua para beber que aquella que los familiares
transportan en pomos plásticos desde sus hogares y que deben conservar
días y noches a la temperatura ambiente del pabellón, o sea, caldeada,
como miasma de pantano. El pabellón Fortum, de cirugía, está
ubicado en un segundo piso. Su única vía de acceso es una escalera
tan empinada y escabrosa como la de Babel. Los malabarismos de los camilleros
para subir y bajar a cada enfermo (ninguno puede hacerlo por sus pies) constituyen
un espectáculo que parte el alma. Por cierto, tales camilleros,
con sus ambulancias, forman parte de un sistema de primeros auxilios organizado
por unidades de atención médica múltiple al nivel de municipios,
al menos en la capital. Este sistema, al que llaman SIUM, configura una de las
no pocas ideas válidas, incluso muy efectivas conceptualmente, que luego
se malogran en la práctica, por obra y gracia del burocratismo centralizador
y la paranoia totalitaria que nos aplastan hoy, para todo y en todos los sitios
y circunstancias. Bastará con un detalle a manera de ilustración:
cuando un paciente ingresado en el pabellón Fortum del Calixto García
recibe el alta médica, como no pude valerse por sí mismo, está
obligado a depender de los servicios de ambulancia del SIUM. Entonces ocurre lo
insólito. Este servicio debe ser solicitado con 24 horas de antelación.
Sin embargo, a nadie, absolutamente a nadie le está permitido conocer 24
horas antes cuándo le van a dar el alta médica. El caso recuerda
la tan repetida leyenda del rey de Frigia, Midas, facultado por un dios para convertir
en oro todo cuanto tocaba. Lo malo es que entre nosotros ocurre al revés.
Los reyes de "Cuba" sólo parecen ser capaces de seguir convirtiendo
en bazofia todo lo que tocan. |