PRENSA INDEPENDIENTE
Sept. 14, 2007

AGRICULTURA
Glosando a Luis Sexto

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org) - En dos recientes artículos para la sección Coloquiando, del periódico Juventud Rebelde, Luis Sexto aborda los problemas de la agricultura cubana. El periodista sentencia prudente que "el problema no se resolverá privatizando". Para él, la solución es "socializar" las tierras estatales.

El colega y tocayo aboga por impedir que quienes trabajen la tierra "sean sólo asalariados, instrumentos de órdenes burocráticas" tal y como ocurre hoy. Luis Sexto pide algo más difícil en las actuales condiciones: tratar de que "piensen y actúen como dueños inmediatos".

"El estado no ha de estorbar y restringir, sino facilitar el desarrollo de las fuerzas productivas", escribe Luis Sexto, para luego llamarse al orden y volver a la prudencia: "Eso, a mi juicio, no tiene nada que ver con el capitalismo".

La relación con el capitalismo es la misma que con las reformas agrícolas en China y Vietnam: desmantelar los controles y transferir la propiedad de las tierras estatales a las familias que las viven y las trabajan.

La liberalización de la agricultura cubana aumentaría la producción de alimentos, proporcionaría exportaciones y aumentaría el crecimiento económico. Pero el gobierno cubano, a pesar de los desastrosos resultados del excesivo control estatal, se opone con vehemencia y tozudez a las políticas orientadas al mercado en la agricultura.

Desde la segunda mitad de los 90, en la agricultura cubana conviven las semi privadas Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), las granjas estatales, las regentadas por las Fuerzas Armadas, las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA) y las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS).

En las CPA, los agricultores trabajan colectivamente las tierras privadas. Las CCS están compuestas por agricultores privados que funcionan de modo cooperativo sólo para obtener créditos, insumos y comercializar sus productos.

Las más ineficientes, particularmente en la agricultura cañera, eran las empresas estatales. Las cooperativas privadas o semi privadas funcionaban mejor y generaban mayores ganancias, pero el gobierno no les concedió mayor autonomía y se negó a traspasar un mayor número de actividades productivas del sector estatal al cooperativo.

Por el contrario, los agricultores semi privados de las UBPC tenían que enfrentar las continuas interferencias y restricciones del estado. La rentabilidad de las UBPC no mejoró algo hasta que el gobierno liberalizó algunos precios y les permitió diversificar los cultivos.

Entre 1994 y 2000, los ingresos de los agricultores de las cooperativas privadas fueron dos veces y media superiores que los de los productores de las UBPC. Los agricultores privados, gracias a la venta de sus productos en los mercados libres campesinos, tuvieron un espectacular incremento en sus ingresos de 423 por ciento.

El gobierno cubano se niega a aceptar estas evidencias. El acopio oficial sigue su desastrosa política de controlar la comercialización agrícola y los niveles de producción. Como si fueran empleados suyos, el estado obliga a los agricultores a venderle sus productos a precios inferiores a los de los mercados campesinos.

En los últimos seis meses, los precios en los mercados agropecuarios se elevaron más del 20 por ciento. Si los campesinos bajaran los precios, no les sería rentable vender lo que producen. Además de los costos de producción, tienen que pagar el combustible para transportar sus productos a las ciudades, amén de pagar altos impuestos y multas al Estado.

Mercados estatales con precios topados tratan de competir con los campesinos. Su oferta, aunque un poco más barata, es de menor calidad e incapaz de enfrentar la demanda.

El colapso de la agricultura en Cuba, un país de tierras proverbialmente fértiles, es considerado por muchos uno de los principales fracasos del sistema.

Según datos oficiales, más de la sexta parte de los campos cultivables en Cuba permanecen improductivos, invadidos por el marabú.

En diciembre de 2006, durante el octavo período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, se volvió a hablar de otro año de malos resultados agrícolas. El general Raúl Castro culpó al burocratismo de los atrasos en los pagos a campesinos y cooperativistas, encargados del 65 por ciento de la producción agropecuaria.

Muy oportunos en estos tiempos, en que tanto se habla de cambios y tan poco se hace por ellos, los criterios de Luis Sexto sobre la tenencia de tierras en Cuba.

Particularmente, me gustó la disquisición casi filosófica del colega Sexto en la penúltima parrafada de su artículo "El movimiento se demuestra andando" que publicó Juventud Rebelde el pasado 7 de septiembre:

"La historia y la vida cotidiana han demostrado que los principios resultan válidos si ayudan a conseguir los fines. Si no fuera así, podría estar pasando una de estas cosas: o no es el momento para el predominio de algunos de nuestros principios y hace falta readecuarlos, o ya han sido superados por el indetenible proceso social, o nunca han sido efectivos. Porque tendremos que comprenderlo claramente alguna vez: los mejores principios son los que resuelven los problemas de la gente".

Estoy en coincidencia total: "El estancamiento es la ausencia del movimiento físico. ¿Y sus consecuencias? El retroceso. Porque lo que no camina hacia adelante, queda atrás". Elemental, Luis Sexto, elemental. Entonces qué, ¿empujamos?

luicino2004@yahoo.com


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