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HISTORIA
Mentiras piadosas
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org)
- Mentiras piadosas son aquellas que se dicen
para no causar tristeza y disgusto a alguien.
En la corta historia de Cuba, por suerte, no se
recuerdan tantas mentiras dichas por nuestros
gobernantes. Recordemos las más importantes,
esas que aún se mantienen latentes en la
memoria de los cubanos.
El general y dictador Gerardo Machado -1925-1933-,
prometió al pueblo reformas políticas
y económicas cuando llegó al poder,
y aseguró que no iría a una reelección
presidencial y que no empeñaría
al país a través de los más
empréstitos extranjeros.
Al poco tiempo, Machado olvidó lo prometido.
Endeudó al país, la corrupción
alcanzó su nivel más alto, y el
presidente aspiró a un nuevo período.
Fulgencio Batista -1952-1958- se caracterizó
por su gran demagogia, y pretendió, con
el lema de su gobierno "Este es el hombre",
demostrar que él era el hombre fuerte de
mano dura capaz de resolver todos los problemas
del país. Como Machado, Batista huyó
en avión durante la madrugada del 31 de
diciembre de 1958 para dejarle la silla del poder
a otro hombre que también usó mentiras
piadosas para no entristecer ni disgustar al pueblo:
Fidel Castro Ruz.
El gobernante, apasionado estudiante -según
confesó mucho después- del marxismo-leninismo,
posiblemente el hombre más fuerte y duro
que ha tenido el país, prometió
elecciones libres a los diez meses de llegar al
poder por medio de las armas. Luego las postergó
por dos meses y por último expresó
públicamente: ¿Elecciones para qué?
Las elecciones libres jamás se celebraron.
Negó ser socialista, pero se desmintió
meses después, en la víspera de
la invasión de Bahía de Cochinos.
Fidel Castro había prometido la restitución
de la Constitución de 1940, pisoteada por
el anterior dictador, y nada se hizo. Como muchas,
se trató de otra mentira piadosa.
Hugo Chávez Frías no será
juzgado por mentir a su pueblo en los primeros
momentos de su mandato, cuando se mostró
públicamente simpatizante del socialismo
al no negar sus íntimas relaciones de amistad
con el dictador cubano.
El señor Chávez demoró
muy poco en pasar del crucifijo, el que ya no
le cuelga del cuello, al puño de su mano
derecha en alto y vestirse con camisas rojas.
No fue nada hábil en eso de no causar tristeza
y disgusto a los venezolanos.
En fin, que si de dictadores se trata, ya los
conocemos, ya lo sabemos todo. No importa que
cada uno de ellos sea el mismo diablo en persona.
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