PRENSA INDEPENDIENTE
Sept. 12, 2007

HISTORIA
Mentiras piadosas

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - septiembre (www.cubanet.org) - Mentiras piadosas son aquellas que se dicen para no causar tristeza y disgusto a alguien. En la corta historia de Cuba, por suerte, no se recuerdan tantas mentiras dichas por nuestros gobernantes. Recordemos las más importantes, esas que aún se mantienen latentes en la memoria de los cubanos.

El general y dictador Gerardo Machado -1925-1933-, prometió al pueblo reformas políticas y económicas cuando llegó al poder, y aseguró que no iría a una reelección presidencial y que no empeñaría al país a través de los más empréstitos extranjeros.

Al poco tiempo, Machado olvidó lo prometido. Endeudó al país, la corrupción alcanzó su nivel más alto, y el presidente aspiró a un nuevo período.

Fulgencio Batista -1952-1958- se caracterizó por su gran demagogia, y pretendió, con el lema de su gobierno "Este es el hombre", demostrar que él era el hombre fuerte de mano dura capaz de resolver todos los problemas del país. Como Machado, Batista huyó en avión durante la madrugada del 31 de diciembre de 1958 para dejarle la silla del poder a otro hombre que también usó mentiras piadosas para no entristecer ni disgustar al pueblo: Fidel Castro Ruz.

El gobernante, apasionado estudiante -según confesó mucho después- del marxismo-leninismo, posiblemente el hombre más fuerte y duro que ha tenido el país, prometió elecciones libres a los diez meses de llegar al poder por medio de las armas. Luego las postergó por dos meses y por último expresó públicamente: ¿Elecciones para qué?

Las elecciones libres jamás se celebraron.

Negó ser socialista, pero se desmintió meses después, en la víspera de la invasión de Bahía de Cochinos.

Fidel Castro había prometido la restitución de la Constitución de 1940, pisoteada por el anterior dictador, y nada se hizo. Como muchas, se trató de otra mentira piadosa.

Hugo Chávez Frías no será juzgado por mentir a su pueblo en los primeros momentos de su mandato, cuando se mostró públicamente simpatizante del socialismo al no negar sus íntimas relaciones de amistad con el dictador cubano.

El señor Chávez demoró muy poco en pasar del crucifijo, el que ya no le cuelga del cuello, al puño de su mano derecha en alto y vestirse con camisas rojas. No fue nada hábil en eso de no causar tristeza y disgusto a los venezolanos.

En fin, que si de dictadores se trata, ya los conocemos, ya lo sabemos todo. No importa que cada uno de ellos sea el mismo diablo en persona.


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