PRENSA INDEPENDIENTE
Sept. 7, 2007

CULTURA
Un genio del humor

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Para los cubanos, entre Alberto Luberta y Guillermo Álvarez Guedes (geniales humoristas que por estos días celebran sus cumpleaños 85 y 80 respectivamente) no hay diferencia alguna. A Luberta no lo ha abandonado la suerte y ha logrado trasmitir sus libretos diarios durante décadas por Radio Progreso, en el muy conocido espacio radial Alegrías de sobremesa. Con Álvarez Guedes ocurre lo mismo. Sigue haciéndonos reír a través de vídeos y casetes, introducidos y reproducidos en Cuba clandestinamente.

Si el cómico cubano Guillermo Álvarez Guedes ha sido durante décadas una enciclopedia viviente del humor costumbrista, por lo que en el exilio se le rinden honores muy merecidos, Alberto Luberta lo ha sido mucho más, en medio de tanta austeridad política, donde nunca se abrieron ni siquiera postigos para la libertad del arte.

Para elaborar los personajes de su programa Luberta contó durante largos años con los mejores actores cómicos de Cuba: Idalberto Delgado, José Antonio Rivero, Agustín Campos, Marta Jiménez Oropesa, Aurora Basnuevo, y muchos otros.

En sus años de oro (década del setenta) sus guiones humorísticos reflejaban a la sociedad cubana, aunque no de forma total. Sus críticas sociales eran tan sutiles, las escribía con tanta gracia y dominio que podían pasar inadvertidas a los censores. Aún así, en ocasiones Luberta se daba de narices con el límite impuesto por las autoridades. Recuerdo perfectamente, porque trabajé durante ocho años en Radio Progreso, que algunos libretos suyos fueron rechazados de acuerdo al criterio del asesor. Navegó por senderos peligrosos y salió ileso porque fue un genio del humor.

Y digo fue porque ya sus libretos en nada se parecen a los de otros tiempos tal vez porque está cansado o no tiene nada que decir. Incluso hay criterios de que le ha dado un inmerecido protagonismo al personaje de Estervina, protagonizado por Aurora Basnuevo, y caracterizado por la vulgaridad y la chabacanería, nada provechoso en una sociedad donde tanto se ha extendido el mal gusto y la falta de refinamiento.

De todas formas, Alberto Luberta tuvo la misión de llenar el vacío que dejaron humoristas como Leopoldo Fernández, Aníbal de Mar, Jesús Alvariño, Luis Echegoyen, Armando Roblán, Cachucha y Ramón, Tito Hernández, Guillermo Álvarez Guedes, entre otros.

Luberta hizo lo que pudo bajo el fuego del socialismo, y lo hizo bien. Es por eso que milagrosamente hoy disfruta tranquilo y feliz de una linda familia, satisfecho por haber cumplido con su pueblo.

Si existiera el Premio Nobel de Literatura Humorística, los cubanos estarían de acuerdo en proponer al Alberto Luberta como el primer candidato. Nos hizo reír de buena gana dentro de la boca del león.


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