| EDUCACION
Sin libretas ni lápices
en Castrolandia
Leonel Alberto Pérez Belette LA HABANA, Cuba - Septiembre
(www.cubanet.org) - El comienzo del nuevo curso escolar se ha visto empañado
por lo que en los últimos años se ha convertido en una "tradición"
empresarial socialista. Aunque este año el asunto es más critico.
Se trata de la total ausencia, en las redes de tiendas en moneda convertible y
en moneda nacional, de insumos relacionados con la actividad educacional. El problema
podría tener raíces en presuntas restricciones artificiales impuestas
por el gobierno. La escasez no se debe a un fenómeno de mercado,
en el cual la demanda supera la oferta, sino al desvarío de la dirección
económica y a un vetusto y burocrático sistema que no prevé
la compra de estos artículos para su posterior venta en el territorio nacional,
y que tampoco se vale de la pequeña y obsoleta industria criolla. El
inconveniente no sólo afecta a niños, adolescentes y jóvenes
en edad estudiantil, sino a profesionales y otras personas que requieren material
de oficina para su desempeño. Aunque el estado cubano, a través
de sus dependencias del Ministerio de Educación, suele entregar un módulo
gratis, esto no cubre las necesidades. En las tiendas brillan por su ausencia
las libretas, bolígrafos, lápices, gomas, portaminas y otros utensilios
escolares. Algo que resulta paradójico en una nación que dice abogar
por alcanzar uno de los índices de instrucción más altos
del mundo. Para colmo, otros artículos como el calzado de los infantes
y los uniformes escolares, priorizados en otras épocas, también
escasean este año. Contradictoriamente, la oferta de mochilas y
bolsos de la marca nacional "Thaba" ha sido abundante en calidad, diversidad
y precios. El problema es que los ciudadanos se preguntan para qué quieren
mochilas si no hay nada que echar en ellas. Se trata de una política
gubernamental para paliar el fenómeno, cada año más manifiesto,
de las disparidades sociales. Contradicciones que en gran medida los ciudadanos
atribuyen a los bajos salarios que paga el gobierno a los trabajadores, a las
prebendas que reciben algunos funcionarios del régimen, a la corrupción
y a un sistema económico que contempla el uso de varias monedas. También
influye que algunos cubanos reciben remesas familiares desde el exterior y los
ingresos parciales en moneda convertible del personal que labora en áreas
relacionadas con el sector turístico. Algunas personas entrevistadas
para este artículo piensan que una estrategia estatal de tal tipo es algo
necio y de poco provecho. Según ella, el problema de las diferencias sociales
en las escuelas no se soluciona convirtiéndonos a todos en más pobres,
sino con mayor producción y un manejo inteligente del mercado. De seguro,
afirmó uno de los entrevistados, a los hijos de los altos dirigentes estos
inconvenientes no les afectan. A sus padres les basta con chasquear los dedos
para obtener lo necesario. Es fácil observar los carros de protocolo transitando
por los exclusivos vecindarios donde viven los gobernantes. Contacté
las oficinas del Ministerio de Educación y declinaron hacer ningún
comentario al respecto, ni siquiera esbozaron una explicación telefónica.
Las administraciones de las diferentes cadenas de tiendas también rehusaron
hablar sobre el tema. Los funcionarios contactados "pelotearon" a este
reportero de oficina en oficina, sin brindar explicaciones sobre el asunto. Algunos
dicen que ni ellos saben qué pasa, otros se echan la culpa unos a otros.
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