| RELIGION
A los pies de la virgen
Oscar Mario
González LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - En
la cultura de todos los pueblos católicos existen modos de venerar a la
Virgen María, madre de Jesús. En Cuba, lo hacemos mediante el culto
a la Virgen de la Caridad del Cobre. A los pies de la Virgen del Cobre siempre
han encontrado los cubanos aliento en sus propósitos, consuelo en las adversidades
y la fe engendradora de confianza en el futuro. Los hombres y mujeres de
esta tierra siempre han destinado un rincón del hogar para que su imagen
resplandezca a la luz parpadeante de una vela. Su retrato, que siempre gobernó
la sala del hogar, cubre a los tres navegantes de una frágil embarcación
en medio de un mar tempestuoso, como anuncio de un amor infinito cuyo poder siempre
sacará a flote al cubano por muy terrible que se tornen las circunstancias. A
los pies de nuestra Santa Patrona el general Calixto García convocó
a su estado mayor para que, con el general Cobreco al frente, proclamara la independencia
de Cuba en misa solemne. El jefe insurrecto Carlixto García, impedido de
impedido de entrar en Santiago de Cuba por la necesidad y tozudez del general
norteamericano William R. Shafter, daba a conocer el documento considerado como
la Declaración Mambisa de la Independencia de Cuba, ante la virgen. Treinta
años antes, Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, fue
a postrarse ante su santa imagen antes de iniciar la lucha independentista. También
aquellos barbudos que bajaban de las lomas en los primera días de 1959,
lucían en sus pechos la medalla de la virgen y se proclamaban sus hijos;
sólo que a diferencia de otras veces, tras la falsa devoción se
ocultaban alevosos propósitos totalitarios e intenciones de instituir una
sociedad sin Dios y sin fe, con el ateísmo como credo y el culto al caudillo
como centro litúrgico de adoración. Hoy, como nunca antes,
la nave de la patria atraviesa por un mar tempestuoso. El cansancio que produce
el dolor de medio siglo hace presente el desaliento, la desconfianza y la indiferencia;
ni siquiera la fe en el futuro parece anidar en los corazones. Hace falta,
como cuatro siglos atrás hicieron aquellos humildes navegantes, según
la tradición, que a los pies de la virgen nos postremos para entonar un
himno de esperanza. En la certeza de un futuro próximo, con la integración
de Cuba al concierto de las naciones democráticas; donde nuestra Virgen
del Cobre vuelva a ser el centro de nuestra devoción y nunca más
sustituyamos su imagen por falsas reliquias de falsos mesías.
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