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HISTORIA
La gratuidad como estrategia
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Revisar la cronología de los primeros
años de la revolución cubana puede
sorprender, sobre todo a aquél que nació
mucho después. En los albores de esta historia
el gobierno apretó las tuercas a quienes
se sintieron engañados hasta convertirse
de inmediato en una fuerza opositora. Soñaron
con una democracia y se despertaron de pronto
ante una férrea dictadura de izquierda.
Es por eso que desde los finales de 1959 se repiten
con frecuencia actos hostiles hacia el régimen,
echando mano a los mismos métodos violentos
del Movimiento 26 de Julio.
Mientras se fusilaba a diestra y siniestra "a
todo aquel que se opusiera a la revolución",
acusados de agentes de la CIA, como lo confirmó
Ché Guevara ante un grupo de periodistas
en las Naciones Unidas, se aplicaban leyes contra
los que preferían la democracia, se creaban
los Comités de Defensa de la Revolución
para la vigilancia de los "cubanos sospechosos",
y el régimen asumía el control del
poder judicial, la Seguridad del Estado, la policía,
el ejército, etc. Se implantó el
sistema de gratuidad como línea ideológica,
considerado en aquellos momentos un logro del
socialismo, con el fin de ganar los adeptos que
el régimen necesitaba para su mantenimiento
en el poder.
La historia comenzó así:
Se rebajó el 50 por ciento del alquiler
de las viviendas, de los medicamentos, de la tarifa
eléctrica, de los ómnibus urbanos;
se suspendió el pago de los círculos
infantiles, de los comedores obreros, de los eventos
deportivos, de los servicios del agua, de los
teléfonos públicos; se distribuían
gratuitamente los uniformes escolares, la ropa
y calzado de los trabajadores agrícolas,
y se entregaron títulos de propiedad de
los inmuebles, los mismos a los cuales el estado,
en 48 años, no ha podido dar mantenimiento.
El 10 de enero de 1961 Fidel Castro anunció
al pueblo que ya se elaboraban proyectos de nuevas
viviendas para reemplazar los inhabitables solares.
Los solares, más inhabitables que ayer,
en vez de desaparecer se multiplicaron, y poco
a poco el pueblo dejó de sentirse favorecido
por aquellos "logros del socialismo".
¿Qué queda de toda esa vieja historia
de la gratuidad? Sólo el recuerdo de los
que hoy pasan de los sesenta años, y que
según datos demográficos, representan
la tercera parte de la población. ¿Será
por eso que muchos de los que han recibido efectos
electrodomésticos de bajo consumo eléctrico
se olvidan de pagarlos?
De aquel pasado de gratuidades, implantadas
más como estrategia que como rasgo fundamental
de una ideología llamada humanista (y gracias
a los sustanciosos créditos otorgados por
la desaparecida Unión Soviética),
sólo queda el recuerdo, cada vez más
lejano.
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