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LABORALES
Documentos para la reflexión
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Dos documentos políticos se discuten
en todos los centros de trabajo de Cuba ahora
mismo: el discurso de Raúl Castro pronunciado
el 26 de julio, y un artículo de Fidel
Castro titulado La llama eterna.
Orientada la discusión a todos los trabajadores
por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en
sesión extraordinaria, este proceso reviste
cierta importancia, pues se debe confeccionar
un acta que recoja las reflexiones vertidas y
las soluciones que surjan de las intervenciones
de los participantes.
Los núcleos de militantes del Partido
Comunista de Cuba (PCC), en cada centro, deben
monitorear las discusiones junto a los miembros
de las secciones sindicales, para garantizar que
la actividad cuente con la mayor y más
amplia libertad de expresión para criticar
o apoyar lo expuesto en ambos textos por los principales
dirigentes cubanos. Incluso, tienen la orientación
de que nadie puede ser reprimido por los argumentos
que exponga durante la discusión, la participación
de los trabajadores debe ser mayoritaria.
Si usted vive en Cuba o sigue con atención
los asuntos nacionales, podrá afirmar que
esto es algo inusitado en cuanto a la garantía
de expresar con absoluta libertad sus propios
argumentos de manera pública, aunque sea
en el seno de su colectivo de trabajo.
Ahora sucede que los trabajadores puedan no
estar preparados para exponer de manera eficaz
sus ideas debido a la inveterada autocensura que
hasta hoy los ha atenazado.
En una de estas asambleas participaron la mayoría
de los trabajadores (18 de 22), cuatro eran militantes
del PCC, dos representaban al sindicato y el resto
eran miembros del colectivo laboral.
Los trabajadores criticaron abiertamente la
ineficacia de la burocracia, la necesidad de ganar
un salario real que permita vivir, simplemente,
la insatisfacción por la falta de viviendas,
el voluntarismo de los dirigentes, la corrupción
rampante entre ellos, los errores de una política
de cuadros que no responde a las necesidades reales,
la descapitalización material y espiritual,
la ineficiencia económica, la indefensión
de la ciudadanía frente al estado, el reforzamiento
de los valores morales, la necesidad de más
información pública y verídica.
Dos de los participantes afirmaron que durante
50 años en la práctica han vivido
de decir y oír mentiras, de callar la verdad
sobre la ineficiencia económica del país.
La mayoría, aunque guardó silencio,
asintió con gestos y expresiones.
La fuente que me trasladó la información
me aseguró que nunca había participado
en su trabajo en una asamblea con tales características,
que por momentos pensó que estaba en otro
país y que en algunos advirtió que
realizaban un esfuerzo para expresar los argumentos
al inicio, luego fueron calentando los motores
y lanzaron sus opiniones, concluyendo que hacen
falta cambios importantes en el país.
Me dijo que la mayoría calificó
el discurso de Raúl Castro el 26 de julio
como atrevido, pero estaban un tanto escépticos
de que los cambios necesarios llegaran a alcanzarse
por la cantidad de obstáculos que tendrían
que ser vencidos. De todas formas quedaba la expectativa
para ellos de que algún paso ya se estaba
dando con esa discusión. También
mostró escepticismo en cuanto al proceso
de transmisión de las opiniones a los dirigentes
del país, y el temor a que fueran adulteradas.
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