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AGRICULTURA
Nicomedes Pérez, el agricultor
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Hace unas semanas la televisión pasó un reportaje sobre la vida y los resultados del trabajo del campesino camagüeyano Nicomedes Pérez. Se trata de un hombre que hace 11 años se trasladó con su esposa Lourdes Velicot al campo desde la ciudad de Camagüey para iniciar una nueva vida en un área rural. La tierra obtenida estaba inculta y llena de malezas, pero este hombre la ha convertido en un verdadero jardín con su ardua labor, según pudo apreciarse en el reportaje televisivo.
Hoy trabaja 8,75 hectáreas, sembradas de 6 mil 500 matas de guayaba, mil 300 de aguacates, 20 mil de plátano, y otras de guanábana, níspero y chirimoya, una fruta desconocida por la mayoría de los cubanos actualmente. Este pequeño agricultor entregó más de 20 mil quintales de viandas, vegetales y frutas al estado en 2006, y para el presente año se comprometió a entregar 21 mil quintales. Paralelamente, tiene una pequeña industria de producción de conservas; cría peces de agua dulce llamados clarias, y pletórico de entusiasmo se prepara para iniciar la producción de tilapia roja, un pez de mayor calidad, entre otros proyectos.
Los éxitos de Nicomedes Pérez los repiten otros campesinos, que en sus pequeñas extensiones de tierra son altamente eficientes, a pesar de la carencia de recursos y las trabas burocráticas impuestas por el gobierno.
En estos momentos, el sector cooperativo campesino, conformado por las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y productores individuales dispersos, más las Cooperativas de Producción Agrícola (CPA), poseen sólo el 27 por ciento de la superficie agrícola del país al cierre de 2006, mientras realizan el 65 por ciento de la producción agropecuaria nacional: tabaco 95 por ciento; carne porcina 71m viandas y tubérculos 60, hortalizas 62, maíz y frijoles 88, y frutales 60 por ciento, entre otros.
Al mismo tiempo, los campesinos particulares, agrupados fundamentalmente en las CCS, con el 18 por ciento de la superficie agrícola, únicamente tienen ociosa el 5,4 por ciento de esa área. Las CPA, constituidas por la unión de las tierras y medios de producción de los campesinos, gestionan el 8,8 por ciento de la superficie agrícola, pero por lo regular con menos eficiencia que las CCS y otros campesinos privados, a causa esencialmente de los obstáculos creados por el intervencionismo estatal.
En una situación muy distinta se encuentran las tierras estatales agobiadas por una improductividad sumamente alta, con más de un millón de hectáreas ociosas, las cuales representan el 21,5 por ciento de la superficie agrícola administrada. Entre las instituciones estatales se encuentran las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), creadas burocráticamente en 1993, hoy con una superficie agrícola de 2,5 millones de hectáreas distribuidas entre 1541 unidades, de las cuales sólo el 44 por ciento eran rentables a finales de 2006. Las UBPC se caracterizan por la falta de autonomía, dificultades con la capacidad de compra, crónico déficit financiero para acometer inversiones, poca garantía de recursos y excesivos cobros por parte de las empresas suministradoras, entre los males que las han asfixiado desde su creación.
Existen en el área estatal 2,3 millones de hectáreas de superficie agrícola administradas por diversas instituciones, también caracterizadas por el alto índice de ineficiencia, entre lo que se destaca un 26 por ciento de tierra ociosa.
El problema de la improductividad no sólo responde al 1,2 millones de hectáreas de tierras baldías, especialmente estatales, según estadísticas oficiales, sino también está presente en las áreas de pastos naturales (35,2 por ciento de la superficie agrícola total), en gran parte cubiertas por malezas a causa del abandono existente durante años.
A este tétrico cuadro se suman los bajos rendimientos en las áreas cultivadas, resultante en una producción agropecuaria endeble, y propicia que actualmente se importe el 84 por ciento de los alimentos de la canasta básica, de acuerdo con cifras oficiales.
De los datos anteriores puede apreciarse que mientras el sector privado agrupado fundamentalmente en las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), a pesar de todos los problemas y obstáculos que afrontan, constituye la fuerza más dinámica de la agricultura cubana, el sector estatal se caracteriza por ser altamente improductivo y un saco sin fondo donde se pierden los recursos. Por tanto, se llega a la conclusión de la necesidad de un reordenamiento de la propiedad agraria, que podría comenzar por la entrega en propiedad de las más de un millón de hectárea de tierras ociosas existentes a personas que deseen ponerlas a producir. Asimismo, deberían desviarse los recursos actualmente entregados al sector estatal hacia esos nuevos agricultores a través de políticas crediticias creativas.
De aplicarse esa política, en un período relativamente corto los campos cubanos florecerían, como logró hacerlo Nicomedes Pérez en su finca La Piedra, con beneficio para los esforzados agricultores y para el pueblo cubano, que podría disfrutar de abundantes alimentos a precios accesibles. En adición, la economía se libraría de la importación anual de más de mil millones de dólares en productos agropecuarios que en su mayoría pueden producirse en nuestros campos.
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