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CULTURA
Se escapan por la izquierda
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - A los cantos de los petrodólares venezolanos y con la intención clara de mantenerse en el poder, una parte de la elite política comunista empieza desplazarse hacia el trotskismo y su “revolución permanente”. Entre las mejores exponentes públicas de esta tendencia están la periodista y embajadora Soledad Cruz, la física Celia Hart y el ensayista e investigador Enrique Ubieta Gómez.
Con un discurso de delirio, marcados por una relación de amor odio en la que descargan sus diatribas reformistas, y que a la vez refleja su amor a la dictadura del proletariado, comienzan, a partir de un grupo de artículos publicados en diversos medios, a girar la noria intelectual de estos castristas trasnochados que buscan en la “revolución permanente” de León Trotstki y el aventurerismo de Ernesto Guevara la continuación del disparate nacional.
Soledad Cruz pasó a la historia por la discusión con el pintor Arturo Cuenca en una reunión de jóvenes artistas de la Asociación Hermanos Sainz, donde lo menos que le dijeron fue que “dormía con el enemigo”, en alusión clara a su relación sentimental con Carlos Aldana, ideólogo del Partido Comunista. Conocía Soledad tan bien los secretos de del poder, que de periodista de Juventud Rebelde saltó a la embajada de Cuba ante la UNESCO. Al regreso de su exilio dorado en Ginebra, luego de un largo silencio, reaparece con un panfleto titulado El revolucionario riesgo de la verdad, publicado en el sitio digital Kaos en la red.
Celia Hart, por su parte, hija de Armando Hart, el ministro de Cultura que dirigió sobre la intelectualidad cubana la densidad de las tinieblas durante el célebre quinquenio gris; e hija también Celia de Haydée Santamaría, suicida y directora de Casa de las Américas, ha decidido cambiar su perfil de profesora investigadora de física en la Universidad de La Habana, al turismo ideológico, alumbrada -según ella misma dice- por la mística de Trotstki. En esta línea, publicó el libro Apuntes Revolucionarios: Cuba, Venezuela y el socialismo internacional, un grupo de crónicas y artículos ridículos, pero que le dan aval para salir de la isla a recorrer el mundo como parte de esa pléyade de intelectuales corruptos de que está llena nuestra “dictadura del proletariado”.
Por último, el más conspicuo es el ensayista e investigador Enrique Ubieta, que fue director del Centro de Estudios Martianos y mal cubrió la dirección de la Cinemateca de Cuba, bajo la presidencia en el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) de Omar González.
Ubieta, quien ejecutó la orden de fundar la revista Contracorriente, también tiene responsabilidad en la publicación del libro Por la Izquierda, al que le hizo la selección y el prólogo. Su trabajo es el más serio, por la calidad académica de los entrevistados y la seriedad de las opiniones.
No debemos subestimar a Eliades Acosta, quien saltó en garrocha desde la dirección de la Biblioteca Nacional a secretario de Cultura del Comité Central del Partido Comunista, luego de participar en mítines de repudio y golpizas contra el periodista independiente Jesús Guerra en 2005.
Eliades Acosta, casi treinta años más joven que el líder e ideólogo de la ortodoxia comunista, Machado Ventura, se replanteó la estrategia de supervivencia del poder mediante un giro hacia el socialismo trotstkista, pero sobre todo calculando la jugosa chequera que tiene la internacional bolivariana arropada en el Centro Internacional Francisco de Miranda, que pretende articular una red de movimientos intelectuales como plataforma de pensamiento crítico, y que estos potencien la promoción del llamado socialismo del siglo XXI.
Martha Harnecker, viuda del jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia, Manuel Piñeiro alias Barbarroja, está entre las figuras principales del centro que funciona en Caracas, donde se dan cita intelectuales de ultra izquierda definidos como altermundistas bajo el eslogan “Otro mundo es posible”.
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