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Cubanoamericanos:
duros, moderados y apaciguadores
Frank Calzón, El Nuevo
Herald, 31 de octubre de 2007.
Algunos analistas clasifican a los cubanoamericanos
en tres categorías según sus opiniones
sobre el embargo: duros, moderados y apaciguadores.
La clasificación no es muy útil.
Más allá de las etiquetas, la verdad
es que los ''duros'' dicen que lo importante no
es la política norteamericana hacia Cuba,
sino la falta de libertad en la isla. Concuerdan
con el presidente Bush en que el régimen
tiene que permitir la libertad de expresión
antes de entablar negociaciones con extranjeros,
incluyendo los Estados Unidos. Es una paradoja
que sea Bush y no las autoridades cubanas el que
insista en que sean los cubanos, y no los extranjeros,
los que han de decidir el futuro de la isla.
¿Por qué caracterizar de ''duros''
a esos cubanoamericanos? Los activistas por los
derechos civiles americanos que demandaban el
fin de la segregación racial no eran identificados
de esa forma, como no lo es la valiente birmana
Aung San Suu Kyi; aunque ella, como muchos cubanos,
no quiere que los turistas vayan a su país
y apoya las sanciones económicas en contra
de la dictadura en Rangún. ''Duro'' es
sinónimo de ''extremista''. ¿Por
qué no se calificó así a
los sudafricanos que apoyaban el boicot mundial
en contra de su país?
Por su parte, los ''moderados'' tienen ilusiones
sobre la posibilidad de negociar con La Habana,
aunque es bochornoso lo poco que han dicho sobre
las brigadas de acción rápida del
régimen que insultan, asedian y golpean
a los disidentes. ¿Es Marta Beatriz Roque,
la ex presa política quien desde La Habana
apoya las sanciones, una ``dura''?
Ya es hora de descartar el análisis simplista.
Si se va a levantar lo que queda del embargo para
que se pongan en libertad a los presos políticos,
se anulen los decretos castristas que bloquean
el desarrollo económico de la isla y se
termine la segregación en los hoteles y
hospitales donde sólo pueden entrar los
extranjeros, la respuesta es que sí.
Pero si me preguntan, y les preguntan a los cubanos,
si favorecemos el levantamiento del embargo para
que todo siga igual, para que los turistas americanos
se unan a los extranjeros en los hoteles segregados,
para que continúen las golpizas de los
presos políticos y se mantenga la censura
de prensa, la respuesta tendría que ser
que no.
¿Es eso ser duro?
Según otros, los ''moderados'' quieren
desmantelar el embargo poco a poco con la esperanza
de que el régimen inicie las reformas;
ignoran que el mismo argumento se utilizó
para que el Congreso revocara las restricciones
a la venta de productos agrícolas a la
isla, incluyendo el papel en que se publica Granma,
y además que España, Canadá
y otros no han tenido embargos contra el régimen
y sólo han conseguido apuntalar la tiranía.
Estados Unidos y otras democracias como la República
Checa, Polonia y Hungría quieren ayudar
a los cubanos a construir un país próspero
y democrático. Los que ven algo siniestro
en el discurso del Presidente son como los viejos
amigos de la Unión Soviética que
se opusieron al Plan Marshall, financiado por
el pueblo norteamericano, que logró una
Europa próspera y democrática después
de la Segunda Guerra Mundial.
La tercera categoría es la de los ''apaciguadores'',
entre los que se encuentran comentaristas de radio
miamenses que incluyen grabaciones del régimen
en sus programas. ¿Sabía usted que
uno de ellos escribe en Granma y fue condecorado
recientemente con una magnífica medalla
en La Habana?
Alos cubanoamericanos se nos llama ''duros''
si criticamos a los propagandistas castristas;
pero si no los criticamos, dicen que es porque
ya no apoyamos al embargo.
La opinión de los cubanos libres es fácil
de determinar, basta con examinar los votos de
seis cubanoamericanos miembros del Senado y de
la Cámara de Representantes de Estados
Unidos.
''Nuestro día'', como dice Willy Chirino
en su canción, y como dijo el presidente
Bush, ''viene llegando''. Estados Unidos, varias
naciones europeas y otros países democráticos
están de acuerdo en que la cuestión
fundamental es el derecho inalienable de los cubanos
de deshacerse de una dictadura sangrienta y asesina.
Dtor. ejecutivo del Centro para una Cuba Libre,
Washington, DC.
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